Ed DEL COCHE BOMBA itorial | Coahuayana, los estragos del coche bomba
Ante la ola de violencia -visualizada recientemente-, ante la palpable inseguridad, derivada de la lucha territorial de la delincuencia organizada, no solo no se ha escuchado el ya ¡basta!, sino tampoco la consigna a rabiar, el grito desesperado que dice más de lo que pretende: Coahuayana, ¡no estás solo! o ¡no estás solo!, Coahuayana, porque simple y llanamente si está solo y es una soledad doble.
Si, doble soledad, porque una gran parte de los habitantes de esas tierras situadas entre la costa y la serranía del estado, señalan que los gobiernos no garantizan su seguridad para impedir el asentamiento de carteles delincuenciales y porque su arrinconamiento territorial, el municipio más alejado de la capital michoacana, no permite del todo el acercamiento y la fluidez de los programas y acciones institucionales.
Por eso no es de extrañar que la seguridad de Coahuayana esté en manos de la llamada policía comunitaria, situada en una zona gris, entre lo legal y lo ilegal, porque si bien no es estrictamente un grupo paramilitar y posee el respaldo de una mayoritaria población, los gobiernos tanto estatal como federal muestran una cautelosa desconfianza con su actuar y sus presuntos vínculos delincuenciales.
Con ese estatus jurídico, tenemos una policía comunitaria con una menos que regular e insuficiente capacitación en el área de seguridad y con armamento y equipo de tercera, difícil, complicado, cuasi imposible, para hacer frente a los carteles que se disputan su territorio, a los de Jalisco Nueva Generación y a los Unidos, cuyos integrantes tienen mejores pertrechos en todos los sentidos, sobre todo bélicos.
De ahí que más de un millar de habitantes de Coahuayana se manifestaran este domingo, para realizar un homenaje a las víctimas de la explosión del coche bomba que recientemente se suscitó, para exigir a los gobiernos -federal y estatal- seguridad, para pedirle a Dios que los cuide; no, nadie siquiera sugirió la presencia del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, pá qué….
Y, sin embargo, en la comunidad presume que hace más de una decena de años no se han suscitado ni asaltos a los visitantes ni ejecuciones, más aún que sectores productivos tienen una crecimiento sostenido, como el frutícola y el turístico, pero la situación cambió a partir de la explosión del coche bomba, con la imagen de un municipio inseguro, avalado con una presencia policiaca militar exhibicionista.






