Editorial | Cárdenas Batel, desde la barrera
De manera reciente, Lázaro Cárdenas Batel, Jefe de la Oficina de la Presidencia de la República, estuvo en Michoacán como parte del Gobierno de México para presidir un foro dirigido al proyecto de una nueva reforma electoral en el país, pero nuevamente regresa, aunque en esta ocasión con el complicado tema de seguridad.
No, no se entiende del todo el por qué el ex gobernador michoacano acompañó al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, quien estuvo en las ciudades de Morelia y de Uruapan. Digamos que para lo anterior no se pueden encontrar razones válidas, si bien es michoacano desde hace mucho que se autoexilió.
Si, cierto, puede tener un panorama de lo que se suscita en el estado, a través de una serie de informes pormenorizados que le llegan al escritorio o de manera verbal, pero hasta ahí, él, Lázaro Cárdenas Batel, no representa en sí el gran liderazgo o la autoridad moral que permita aminorar protestas e inconformidades sociales en materia de seguridad.
Tampoco, evidentemente, no es un experto en seguridad pública, no lo es en investigación, planeación o en estrategia en la lucha contra el crimen organizado, sobre todo. En cambio, su presencia se puede justificar partiendo de la base que él, de los enviados a la entidad, representa a la parte civil, no como integrante de la fuerza del Estado.
Sin embargo, cómo olvidar que cuando fue gobernador, de manera acertada, demandó al entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa la intervención de la fuerza federal para combatir una creciente inseguridad en territorio michoacano, implementándose, en diciembre del 2006, el llamado Operativo Conjunto Michoacán, pero sin los resultados deseables.






