Editorial | 2027 a la vista, la metamorfosis de Morelia

Imagen ACG

*La capital michoacana entre el acero, el cable y la urna

Sin duda, Morelia se está dirigiendo hacia una transformación urbana radical con una millonaria inversión en movilidad, tratando de buscar jubilar a una desfasada metrópoli.


Más allá de estar de acuerdo o no, el proyecto integral de movilidad mezcla el metrobús, como columna vertebral plana, y el teleférico, que desafía la gravedad para conectar parcialmente al norte y sur.


Esa dupla, dualidad, tiene como objetivo reducir en un cuarenta por ciento tiempos de traslados, intentando devolverle a la ciudadanía, digamos, la dignidad de su propio tiempo libre.


Si, el metrobús surcará veintisiete kilómetros –a realizar en dos etapas- desde el poniente de Villas del Pedregal hasta los hospitales, proyectado mover a más de un octavo de millón de personas.


En el caso del teleférico volará sobre ese a veces insoportable tráfico desde el estadio Morelos hasta el Zoológico, venciendo la accidentada geografía de la ciudad de las canteras rosas.


El proyecto dual apunta a que el Obelisco a Lázaro Cárdenas sea el epicentro de esta red, en la cual ambos sistemas de transporte convergen a través de una tarjeta de prepago unificada, moderna.


Y, sin embargo, llevar a buen puerto esa apuesta de parcial modernidad evidentemente no depende solo de la voluntad gubernamental, de la ingeniería, sino de una habilidad política que parece ser.


Lo anterior, porque parte del gremio transportista, la de José Trinidad Pasalagua al frente, visualiza con gran recelo un cambio en el sector que amaga su histórico ese control, añejo y venido a menos.


Ante amagos, el Gobierno de Michoacán intenta seducir a los transportistas, en general, a través de fideicomisos y seguridad social, tratando de impedir que se descarrile dichas obras multianuales.


Morelia espera que el vuelo del teleférico y la rueda del metrobús no sean un espejismo de modernidad, sino el inicio de una ciudad que al fin aprenda a caminar en una ruta que no tenga retorno.


Y, si, en el horizonte del 2027, esas cabinas, esos carriles confinados serán el mejor espot de campaña político electoral o, en su caso, el recordatorio de una promesa, como tantas, que no aterrizó.