“¡Don Justino!, no nos ande siguiendo!”

(Foto: Montserrat Herrera)

— Él se vio obligado a vivir en Tiripetío, en donde es músico en activo y reportero en pausa
Morelia, Mich. | Montserrat Herrera/Acueducto Online.- Caminando por el pasillo hacia la Parroquia de San Juan Bautista, dos adultos mayores me detuvieron al verme con mi cámara y mi celular, fotografiando la parroquia.
Estaba, frente a mí, el ex reportero de la Zeta Noticias, Justino Díaz Barriga, quien trabajó en su emisora durante muchos años y, ahora, estaba al cuidado de su madre Agustina en la Tenencia de Tiripetío.
Justino y su madre iban rumbo a la plaza principal para ver de cerca al presidente municipal, Alfonso Martínez Alcázar, quien visitaba la tenencia para la inauguración de Internet Gratuito: “me gusta mucho ver a Alfonso, lo quiero como si fuera mi hijo”, me dijo Agustina.
Agustina llegó a Tiripetío teniendo menos de un año, así que ha estado toda su vida en este lugar tan histórico; su esposo, que en paz descanse, sembraba en los mogotes y, con lo que levantaba, le daba de comer a ella y a sus ocho hijos.
Justino y Agustina están juntos porque las hijas de él están en otro continente: unas en Gran Bretaña, otra en Vista, California y, la más cercana, en Morelia; Justino hace poco enfermó de gravedad, “a morir”, como él dice, y estuvo internado en el Hospital Civil.
Un virus que cayó en su hígado hizo que se le bajaran las plaquetas, lo que lo hizo moverse de Morelia, donde residía, a casa de su madre, quien se ofreció a atenderlo.


“Durante mucho tiempo yo también me he dedicado a la radio, he estado en medios de comunicación como reportero, por ahí conozco a varios compañeros que vienen con usted y me dicen “¡oye, pues te pierdes!”. También, tengo 50 años dentro de la música como baterista, pronto vamos a sacar otro disco”.
Hace dos años que Justino no labura por su enfermedad pero, cuando habla de su trabajo, la cara se le ilumina al tal punto de regalar una sonrisa, como quien recuerda algo que lo hace feliz.

— ¿Qué le gusta más? ¿La música o reportear?
— ¡Ay, pues las dos cosas! Tanto una como la otra. Desde chiquito me encantaba escuchar la radio, a los locutores, los veía como una cosa bonita, escuchaba Radio Ranchito, ahorita ya hay muchas estaciones, antes era nomás 2 FM, nombre, ahorita ya cambió todo el sistema.
Agustina, queriendo hablar sobre Tiripetío, dijo que la tenencia necesita más ayudas, más que nada en lo económico, a lo que Justino confesó que, aunque le dan algo de dinero en la radiodifusora, no le dan “como es”.

— ¿Cómo fue la primera vez que escuchó a su hijo en la radio?
— Me sentí con gusto, tranquila… me dieron ganas de llorar.
— Mi mamá no sabía, hasta que le llegaron diciendo “¡Doña Agustina! ¡Está hablando Justino en la radio!”.
Justino estudió en Guadalajara porque, antes, el sindicato no dejaba levantar un micrófono a nadie que no tuviera estudios ni licencia, fue así como él quiso salir adelante y viajar de Michoacán hasta el estado de Jalisco y cumplir el sueño que el niño que vivía en él anhelaba: salir en la radio.
“Acá en la radio se aprenden muchas cosas, yo cubría todo lo relacionado con lo policiaco, andaba en moto, me decían “¡Don Justino! No nos ande siguiendo, porque un día lo vamos a levantar a usted”, pero yo decía que no pasaba nada, y me les pegaba… ¡todos queremos una primicia!”.
Al recordar sus momentos reporteando, Justino reía y hacía ojos de asombro, quitándole las arrugas de la cara que 69 años de existencia le han regalado, haciéndola más jóven, pues sus recuerdos lo llenan de vida.
Después de una plática amena, quedamos de volver a encontrarnos después para visitar la Escuela Normal Rural Vasco de Quiroga que, para Justino, es un “elefante blanco.”.