Erick Alba/enviado
Ciudad Obregón, Son..- La presentación de alumnos atendidos por el tenor estadunidense Genaro Méndez, en el Discóbolo de esta urbe, funcionó como un sistema de medición sobre el desarrollo de los operistas mexicanos jóvenes que permite vislumbrar a aquellos que pronto estarán en los escenarios nacionales.
Frente a un aproximado de 500 personas que llegaron a ese espacio público, un total de 17 jóvenes atendidos dentro del apartado académico de Ars Vocalis México, festival nacido en Michoacán, presentaron arias del repertorio operístico italiano, en su mayoría, y ejemplos mozartianos y de la zarzuela ibérica.
Así se pudo observar un fenómeno interesante, el de alumno(a)s que dominan de manera instintiva los requerimientos técnicos del canto académico y que se refieren a la emisión de la voz, pero que están todavía en proceso de desarrollar sus habilidades interpretativas.
Es el caso de la soprano Jocelyn Salas, joven que cuenta con bases sólidas en cuanto a la técnica de respiración, sobre la colocación correcta de la voz en los resonadores pectorales y faciales, con seguridad en lo escénico y un registro agradable, pero que todavía debe comprender el uso correcto de los legatos, del fraseo y de las herramientas agógicas como el ritardando y el acelerando.
Por el contrario, la también soprano Brenda Santacruz posee una disposición natural para el uso de esos elementos y que le augura un buen futuro, pero con deficiencias temporales en cuanto a la correcta acumulación de aire en los pulmones, lo que ocasiona por ejemplo, que su registro grave sea todavía débil, aunque eso se corregirá fácilmente por medio del estudio y la disciplina.
Un caso más es el del barítono Daniel Cerón, un joven que muestra ya un elevado grado de conocimientos en el uso de la técnica pues su unión entre el registro grave, el medio y el agudo ofrece la ilusión de una conectividad limpia, sin hacer cortes para lograrlo.
Aunado al uso efectivo de reguladores dinámicos (elevación y disminución del sonido) y fraseo, Cerón cuenta con agudos de un brillo atractivo para el espectador, aunque todavía debe trabajar con mayor empeño en lo que se refiere a su corporalidad escénica.
Entre otros ejemplos, suponemos que de seguir así la soprano Marieloz Hernández podría estar en los escenarios más importantes de México en el lapso de tres años y en los internacionales dentro de un lustro, ya que sólo le resta afinar su metodología de respiración para soportar la presión que imponen obras como la que cantó esa tarde, Amour, Ranime mon courage.
En efecto: el aria insertada por Charles Gounod en su ópera Romeo et Juliette exige de su intérprete no sólo un alto grado de concentración sino el mantener la presión en el diafragma debido al amplio recorrido sobre la escala que desemboca siempre en el agudo.
En el caso de Hernández, fue notorio el cansancio al avanzar la obra, cosa que es también corregible con la suficiente condición física que da el estudio y mantener así la atención en el espectador al ofrecer un producto bello en lo estético y creíble en lo interpretativo.
Cabe señalar que el trabajo pedagógico desarrollado por Genaro Méndez se vio reforzado en algunos casos con las clases maestras que impartió el tenor mexicano Ramón Vargas, por lo que la conjugación de conceptos, enseñanzas y correcciones tuvo su fruto en el concierto gratuito ofrecido a los sonorenses del sur de la entidad.






