El director invitado a Ars Vocalis México en Sonora monta Las Bodas de Fígaro, una de las óperas legendarias del repertorio mundial.
Ciudad Obregón, Son./Erick Alba, enviado
Entre el idealismo propio en cualquier estudiante de música, y la realidad mexicana que todavía presenta una seria falta de oportunidades para nuevos ejecutantes, la opción de dirigir una obra maestra de la ópera mundial, Las Bodas de Fígaro, representa la oportunidad de abrir nuevos horizontes para ejecutantes mexicanos jóvenes, advirtió el director orquestal Rodrigo Elorduy.
En entrevista, el director concertador de la ópera mozartiana que forma parte de la oferta del Festival Internacional de Canto y Ópera Ars Vocalis México, que por primera ocasión se realiza en Ciudad Obregón, se refirió al proceso por el que debe cruzar un joven conservatoriano recién egresado:
“El problema es cuando sales, tener que enfrentarte a la vida real: es una vida de talacha, de tratar de estar listo y si te llega una oportunidad la debes de tomar y te estás jugando la vida allí. Si lo haces bien puede ser que tengas otra oportunidad, lo haces mal… pero creo que así es en todo el mundo”.
Al comparar el sistema educativo mexicano especializado en la música, Elorduy destacó que es visible que en otros países “te dan más armas para sobrevivir, durante el proceso formativo tienes muchas oportunidades de dirigir, a lo mejor le insistes a tu maestro que tiene una orquesta profesional a su cargo, mientras que en la ciudad de México, es increíble que sólo haya una gran casa de ópera, en una ciudad con más de 20 millones de habitantes”.
Como parte de los invitados de Ars Vocales México, a través de la asociación civil Cultural Jikau, Rodrigo Elorduy coincidió con otros docentes provenientes de distintos países en cuanto a la abundancia del talento mexicano en el área musical.
“Hay mucho talento vocal en México, hay cantantes extraordinarios en todos lados que en cualquier parte del mundo podrían ser solistas, y en México hay pocas oportunidades de cantar porque son pocas óperas las que se montan al año”.
En su análisis sobre Las Bodas de Fígaro y sus primeras sesiones de ensayo con el elenco, el también joven director consideró que el propio Wolfgang Amadeus Mozart, como autor, se retrató a sí mismo en uno de los personajes, en Querubino, de carácter licencioso, mujeriego, mentiroso y alegre:
“Me gusta pensar que Mozart se reflejaba un poco en ese papel, porque Querubino era muy joven, guapo, seductor, quería con todas, y siempre nos han pintado esa personalidad ligera de Mozart, y le escribió pasajes muy hermosos a Querubino”, puntualizó.






