Morelia, Michoacán| Redacción ACG.- La mañana del 6 de enero solía tener un sonido particular: ruedas de carritos chocando contra la banqueta, balones rebotando entre risas, muñecas sentadas en la sombra de una puerta y trompos girando sobre el asfalto. Era una escena común en muchas colonias de Morelia. Hoy, esa imagen aparece cada vez con menos frecuencia y, cuando sucede, parece casi un acto de resistencia frente al paso del tiempo.
En colonias como Industrial y El Porvenir, todavía es posible encontrar algunos destellos de esa tradición. Un par de niños empujando sus juguetes recién estrenados, otros más probando bicicletas pequeñas o compartiendo juegos que apenas alcanzan a ocupar un tramo de la calle. Son escenas breves, casi fugaces, que contrastan con el recuerdo de calles llenas de infancia.

Gabriela Tinajero observa el cambio con claridad. Recuerda que en años anteriores el Día de Reyes transformaba por completo el entorno. Las calles se volvían patios improvisados y puntos de encuentro. Sin embargo, señala que desde hace tiempo ya no es común ver a los niños salir a jugar como antes. La dinámica ha cambiado y esa estampa que marcaba el 6 de enero parece haberse ido borrando poco a poco.
Armando Ortiz coincide en esa percepción. Para él, la diferencia es evidente. Hace alrededor de 12 años, recuerda, casi toda la calle se llenaba de niños jugando desde temprano. Hoy, ese bullicio infantil prácticamente ha desaparecido y el Día de Reyes transcurre con una calma que antes no existía.

Christian Durán también ha notado esta transformación. Explica que ya casi no salen niños a jugar a las calles y que, en algunos casos, lo hacen más tarde y en espacios específicos, como un parque cercano. Aun así, reconoce que no es algo tan común como lo era hace una década, cuando las calles se convertían en un gran escenario de juegos y convivencia.
Las razones de este cambio son diversas: nuevas formas de entretenimiento, preocupaciones por la seguridad, rutinas familiares distintas. Lo cierto es que el Día de Reyes ya no se vive igual en el espacio público. Las calles, antes ocupadas por juguetes nuevos y risas infantiles, hoy permanecen mayormente en silencio.

Aun así, cada niño que sale con su juguete a la calle mantiene viva una tradición que resiste. Son pequeñas escenas que recuerdan que, aunque cada vez menos frecuente, el espíritu del Día de Reyes todavía encuentra la manera de asomarse entre el concreto, la memoria y el deseo de jugar.






