Morelia/Héctor Tenorio
El editor del semanario Proceso, Juan Carlos Ortega Prado, recientemente ofreció en Morelia un Taller de Redacción Periodística el cual duro 16 horas. Antes que iniciara la última sesión, le pregunté: ¿Cuál sería la importancia de este curso? Él destacó tres cualidades del taller:
“Primero, sentirnos dueños de una herramienta que dominamos, pero se nos olvida: el idioma; Segundo recordar el otro puntal que tiene nuestro oficio, que es el de reportear. De igual forma se puede utilizar para abatir una gran cantidad de dudas e imprecisiones.
Detectarlas, ser conscientes de ciertos usos que no son los suficiente expresivos.
Sistematizar el conocimiento sería el tercer gran puntal que percibo. Sabemos muchas cosas, las conocemos de tiempo atrás, pero quedan un poco dispersas. En este taller se pretenden que se unan los puntos entre las aéreas de conocimiento lingüísticos”.
Lo cuestionó sobre cómo lograr la sistematización del conocimiento en tan solo 16 horas que dura el taller. Me dio la razón y puntualizó. “Aquí lo que se dan son las coordenadas, los sitios a dónde se puede uno regresar en el quehacer cotidiano. Lo ideal es que se mantuviera más tiempo, pero existe la opción. Al final de cada taller abrimos una página de Facebook y ahí cualquier duda que surja yo la resuelvo, además se comparten comentarios y se empieza crear comunidad, creando redes entre quienes lo tomaron. Esas son las dos grandes opciones que veo para continuar después de lo que se dan en estas 16 horas”.
Ortega Prado ha estado en diferentes redacciones entre ellas Excélsior, pregunto: “¿qué vicios has encontrado en común?” Sin dudar, respondió: “La dejadez, todas las redacciones tienen en común que, en algún momento, el reportero renuncia a dar un extra que puede llegar a ser de diez a quince minutos, y con eso sus textos mejoraría hasta un 70 por ciento. No hacen una relectura de su texto, en una lectura a profundidad se detectan la mayoría de los errores”.
Me da curiosidad lo dicho y trato de averiguar más de la dejadez de los comunicólogos: “Malos sueldos, rutinas de trabajo extenuantes”, remató “¿No será que el periodista ve una nota y no un texto?”.
El comunicólogo reflexionó al respecto: “Tienes razón, porque no ven en cada nota un texto ya que esto implicaría un doble esfuerzo y la gente se ha esforzado hasta el límite, ha estado cubriendo desde las ocho de la mañana, luego el bomberazo y la banquetera”. Detiene su pensamiento, luego continúo, “Sí, al principio es muy pesado porque tienes que escribir diez notas y dar diez minutos extras a cada una implica más de una hora de trabajo. Es sacrificado, pero reditúa, los reporteros que hacen esto en los primeros meses se llevan una… Pero después sistematizan e incorporan ciertas cualidades de las segundas lecturas y dejan de necesitar más tiempo, esto genera empatía con el editor, es importante mantener una relación fluida con el editor”.
El editor de Proceso insistió durante las 16 horas del taller que el periodismo debe basarse en hechos y no en dichos, lo cuestiono: “¿Es parte de esta dejadez?”, “Sí, por supuesto y así muchas veces el reportero no tiene la culpa, tiene la culpa el jefe de información, el editor, el director que lo manda a conseguir diez notas y tú verás cómo le haces, pero me tienes que llenar un determinado espacio. Claro, no hay ninguna oportunidad de hacer una investigación.
Sin embargo, es un poco contradictorio porque en vez de pedirle tres notas a un reportero para llenar una plana, pídele una del triple de extensión pero ahí se tendrá la oportunidad de investigar algo, de ir por un documento, de hacer una llamada extra. Utilizará el mismo tiempo de trabajo, pero la diferencia es que ya no tienes rellenos y logras un periodismo de hechos”.




