Acueducto | Hugo Rangel Vargas
La pandemia ha venido a destruir uno de los pilares de la civilización: la certeza. La ciencia ha podido construirse gracias a que existe un parámetro con el que se pueden medir fenómenos, una regla que siempre arrojará un equiparable; esa certidumbre es la que le da fiabilidad. Sin embargo, ahora a las mediciones, al menos a las de las ciencias sociales, se les ha agregado un factor de aleatoriedad: el contagio.
El empleo y las relaciones económicas han sido desnudadas, en cierto grado, de su concreción material para llevar el fetichismo de lo virtual a un grado superior. Este nuevo epicentro del valor ha hecho que se extingan viejas formas y parámetros, entre ellos, los códigos y la semiótica de la política han sufrido un cambio radical.
La nueva realidad (llamada eufimisticamente, nueva convivencia) presenta retos interesantes para quienes tenemos algo que comunicar de manera masiva a nuestros semejantes, entre ellos por supuesto los políticos. Los cambios de la comunicación son la prueba de fuego de los servidores públicos y de los candidatos, más aún, de aquellos formados a la vieja usanza.
Sin duda alguna nos inundaremos de mensajes, de intentos de comunicación, de batallas por conquistarnos. En medio de esa guerra la primera muerte será la verdad. Fake news, bots y censura, rumores y propaganda, cifras falsas vestidas de certeza; serán todas las herramientas con las que los publicistas intentarán acicatar nuestros miedos y esperanzas. Estos dos son los sentimientos que de verdad se confrontarán en el próximo proceso electoral.
Esta envoltura virtual con la que nos presentarán a los candidatos sepultará el ritual de los mítines y las ceremonias protocolarias de las reuniones otrora faraónicas. Los discursos dirigidos a multitudes llenos de cadencia, títulos y lugares comunes; abrirán su paso a breves spots y a mensajes en redes sociales focalizados a microsegmentos del electorado. La campaña casa por casa no podrá ser sin distancia, pero tendrá mayor vigor y acostumbrará al ciudadano distante de la política a una invasión permanente de su privacidad.
Viviremos en síntesis una campaña que impondrá una selección natural de nuevos políticos. Algunos de los viejos sobrevivirán con heridas pero transferirán algo de su ADN, lleno de utopías pero también de vicios, a los pocos que abreven de ellos. ¿De qué estarán hechos los nuevos candidatos? Ya lo veremos, pero la gran pregunta es ¿De que estaremos hechos los nuevos ciudadanos?.





