Crónica. Una tradición que se pega a la piel…

Imagen: Enrique Castro

Tarímbaro/ Héctor Tenorio

Como cada año Tarímbaro celebró un día de carnaval, de los barrios de San Marcos, la Doctrina y la Cruz, salieron los toritos con el único objetivo de ser los más populares entre la gente que bailó a su alrededor y fueron ellos quienes decidieron cual es el mejor.

El costo de estas obras de arte efímero oscilo entre los 70 mil pesos y los 100 mil pesos, la población absorbe el gasto y eligió el diseño que lució, su elaboración llevó de dos a tres meses, ya que todos trabajan en otras labores. En cambio, los comerciantes elevaron los precios de la comida y la cerveza la cual inundó el lugar, el ambiente se enrareció al transcurrir las horas. Las autoridades solo hicieron acto de presencia con la intención de disuadir cualquier riña, en cuatros años ha habido veinte personas involucradas en peleas.

Son las tres de la tarde cuando entramos a la avenida principal de Tarimbaro, los pobladores querían saciar su sed y su hambre. Nosotros nos acoplamos. Enrique Castro sugirió que fuéramos a la plaza, ahí han instalaban el escenario donde tocaría los grupos musicales en la noche. Comimos unos tacos y nos quisieron cobrar de más, luego de sacar la calculadora, nos dieron la razón.

Entramos a la presidencia municipal buscando información, nos mandaron al barrio de San Marcos, en el recorrido encontramos al policía operativo, Ceja que lleva cuatros años en ese puesto , nos informó que hay tres unidades vigilaron el pueblo desde temprano y que solo se permitió beber en las calles pero no traer envases debido al riesgo de posibles riñas. “Hace tiempo estaba fuera de control, actualmente las familias vienen a divertirse. La tensión aumenta cuando se enfrentan los toros de los distintos barrios, es una competencia que a veces termina en madrazos”. Reconoció que ser policía cambio la forma de ver la vida, “uno se da cuenta de las necesidades que tienen las personas y eso te ayuda a controlar las situaciones”.

Estamos en el corazón del barrio de San Marco, nos recibió un enorme toro de color rojo, su imagen son indígenas adornado con leyendas que reflejan el orgullo de haber nacido en esa parte del municipio. Centenares de personas lo siguieron, no pararon de bailar, de echar espuma, de reír. Las masas empujan, haciendo que perdiera la noción de quien soy. El toro pesa 110 kilos, abajo de él estaba un hombre que sufrió por mantener la vertical, lo fueron ayudando ocho personas. Sin embargo, el torito se ladeo y pego con los cables de luz, la fiesta se detuvo. Lo tuvieron que hacer más ligero, desmontaron la parte de atrás para ponerla enfrente y quitarle las partes más grandes, ya que tuvieron que recurrir a 100 hombres para hacerlo bailar.
Aprovecho y hablo con Sergio Pérez Reyes quien lleva 35 años trabajando en esto, lo involucró uno de sus hermanos cuando él era niño. Aprendió a montar las piezas grandes luego las medianas, las cuatro piezas chicas y finalmente el cascaron en forma de toro. Me explicó que es una competencia entre barrios y el premio es el que juntará mayor número de gente bailando.
¿Cuándo termine la festividad que harán con el torito?
Me contestó. “Se usan en el carnavalito que se celebra el domingo de resurrección y después lo sacan cuando lo piden para una feria, y cuando ya no lo usan la gente se lleva un pedazo como recuerdo”.
Nos adentramos al barrio la Doctrina, es la zona con mayor marginalidad del municipio, pocas personas siguen al torito, las muchachas bailaron hacia atrás mirándolo a los ojos, la banda toco sin parar, pero el torito de color negro, estaba adornado de imágenes de piratas y peso 130 kilo, al igual que el otro se ladeó. Los voluntarios que lo cargaban se prepararon con toritos que usaron en años pasados y los cargaron durante un tiempo para obtener condición física.
Me acercó al organizador, Jesús Espinoza, lleva tres años participando, puntualizó que cada barrio tiene su comité organizador y que así operan desde hacen muchos años. “Ser parte del carnaval es un orgullo, los encargados trabajamos con los artesanos y tratamos de diseñar algo que llame la atención. Es una tradición que se te va pegando a la piel. Para mi ser de Tarimbaro significa todo: tu vida, tu niñez e imaginarse la vejez”.
Proseguimos hacia el barrio de la Cruz, las casa son de dos piso, pero del torito ni sus luces, dos hombres que montaban caballos finos nos indicaron la ruta a seguir. Después de dar varias vueltas lo encontramos la piel del torito es la de un tigre, pesa 120 kilos y luce imágenes de Zeus y de dioses, dicen que costo cien mil pesos.
Veo a uno de los organizadores, se llama José Nava quien me expresó su punto de vista, “En la mañana sacamos a pasear un toro de vidrio pero como ahorita la gente anda tomada es peligroso”. Cometo que está es la mejor fiesta que ha vivido porque le ha tocado ser organizado, “La mejor recompensa es la felicidad, aunque si es cierto la gente bebe demasiado, porque no hay ley que lo prohíba”.
Le cuestionó. ¿Siempre fueron tan grandes los toros?
Respondió con precisión. “No antes pensaban 50 kilos, pero desde 1995 empezaron a ser cada vez más grandes, aunque esta vez nos pasamos, lo tres toros tuvieron que ser arreglados. Esto sucede por el pique que tenemos entre los barrios, si este hace aquello pues lo imitamos. “No sé si el próximo año sean más ligeros porque un torito tan pesado no lo pueden bailar”.
Casi nos vamos cuando no encontramos al señor Pepe Ortiz, vestido como el cura Miguel Hidalgo y Costilla, quien se la pasa encabezado las marchas en Morelia. Me confesó que vino a ver esta maravillosa fiesta. “No conocía Tarimbaro, es algo hermoso que no se ve en cualquier parte, haz de cuenta que estoy en San Juan de los Lagos. Yo solo te digo, yo no estoy con el sistema de Peña Nieto. Hidalgo no está con el sistema”.