Crónica | Una esperanza que no muere

(Foto: Montserrat Herrera)

Morelia, Mich. | Montserrat Herrera/Acueducto Online.- Una manta con las fotos de los michoacanos desaparecidos yacía en la entrada principal de la Comisión Estatal de Derechos Humanos; los familiares de las víctimas llegaban con las imágenes bordadas de aquellos que se llevaron y que, aún, no obtienen rastros de ellos.

Una figura que semejaba a un cuerpo tenía escritos diferentes mensajes, los más desgarradores: dos hijos que extrañaban a su padre.

“Moisés Q. 22-05-12. Donde te encuentras siempre estás en nuestros pensamientos y corazón. T.A.M. Papá. T.Q M”. “Papá, te extraño mucho, siempre vas a ser mi papá”, se leía con letra de infante.

Dibujos de corazones, mariposas y flores acompañaban los mensajes de las familias que aún mantenían viva la esperanza de volver a ver a sus seres queridos; también bordaron, punto por punto, las palabras “dónde están”, “justicia” y “verdad”.

Los familiares, acompañados del grupo “Familias Caminando por Justicia”, cerraron la calle frente a la CEDH para hablar ante los medios sobre los 17 casos que llevaban.

“No ha habido investigaciones serias, oportunas, diligentes, transparentes ni lógicas con un rigor científico” dijeron a modo de denuncia.

Los casos que llevaban consigo tienen una antigüedad de más de 14 años en donde, aseguran, se han presentado irregularidades.

En medio de la rueda de prensa previa a la marcha de los desaparecidos que se llevaría a cabo esa misma tarde, un coche se metió hasta el fondo, pisando una de las imágenes de una desaparecida, argumentando que lo dejaran pasar, que vivía cerca.

Los integrantes de la protesta le pidieron por favor que tuviera respeto, a lo que el coche se hizo para atrás sin siquiera disculparse.
Mientras la rueda seguía, otro auto, pero ahora aún más irrespetuoso, hizo señas obsenas a los manifestantes, a lo que una integrante respondió de la misma manera.

Después del discurso, procedieron a firmar la denuncia que, después, fue recibida en la CEDH.

Aún con la esperanza de obtener una respuesta, las familias se prepararon para seguir denunciando el dolor que es, para ellos, no saber del paradero de sus seres queridos.