Morelia/Vianey J. Cervantes
Tres largas mesas con manteles color vino llenaban el Salón Hidalgo, paseándose entre ellas estaba la periodista Sara Lovera López, una mujer con 47 años de experiencia y especialista en el tema que nos unía a todos quienes estábamos presentes y que se puede resumir de la siguiente forma: Las mujeres, feminicidio y el lenguaje.
Comenzó con una verdad muy simple, somos más mujeres en el mundo, y eventualmente, todos los discriminados tienen cuerpo de mujer. “El primer feminicidio de la historia fue la caza de brujas. Quemaban a las mujeres porque eran sabias, porque atendían los partos, porque practicaban la medicina”, dijo Sandra, su suéter de colores iba y venía con el enérgico movimiento de sus brazos.
El taller “Lenguaje incluyente y no sexista en los Medios de Comunicación” me recordó los discursos del gobernador Silvano, una buena estrategia que además de su carisma, le da popularidad y es que él nunca se olvida de usar ambos sexos: “niñas y niños, maestras y maestros, diputadas y diputados, reporteros y reporteras…”.
“Las mujeres no somos víctimas, porque la definición de víctima es quien no puede defenderse, que no tiene carácter, fuerza…”, pone entonces el ejemplo de ella misma: “mírala, con 47 años de experiencia y aún puede hablar, ¿ven como sí hay futuro en la tercera edad?” en la sala, la audiencia ríe, y Sara lo resalta: “¡Y se ríen! ¿Sí ven el mensaje que se está dando? Se entiende que por ser mujer y ser de la tercera edad, no podría seguir trabajando”. El constante movimiento de Sara mantenía al escucha atento.
En cierto punto de este discurso, no podía soportar las ganas de llorar por la rabia que causa el saber tanta discriminación, como si fueras un ser ajeno, pequeño y frágil, no podía creer que un gobernador hubiese perseguido a su esposa con un cuchillo, y recordar cómo siempre “es nuestra culpa” lo que sea que nos pase.
Desde casa, si me pongo falda, estoy provocando. Si me pongo una blusa sin mangas en primavera, estoy provocando. Si camino sola por la calle, estoy provocando. Si salgo de noche, estoy provocando. Si hago lo que haga, es mi culpa. Como dicen por ahí, “me les puse de pechito”, solo por ser mujer. El desprecio que se siente al tener que resignarte a guardar silencio cuando te ofenden por salir a la calle es inmenso.
Desde luego se tocó el tema del día, donde aquel líder del movimiento del 68, Marcelino Perelló dijo en su programa de Radio UNAM que “la violación implicaba verga, si no hay verga no hay violación”. Según este sujeto que para mí escupió en el movimiento que alguna vez lideró, si te meten los dedos, un palo de escoba o un vibrador, eso no es violación.
Simplemente no podría explicar la ira y frustración que da escuchar eso, viviendo en un país donde tan solo en Michoacán y en menos de 4 meses, han asesinado a casi treinta mujeres, en un estado con 14 municipios en alerta de género y como mujer que constantemente debe soportar las miradas lascivas y los piropos callejeros. Solo quise meterle un palo de escoba, a ver si entonces no era violación.
Sara terminó este taller simplemente diciéndonos la verdad, nuestro lenguaje debe cambiar, debemos eliminar los masculinos genéricos, la forma de expresarnos de las mujeres, la forma en que vemos el mundo y los logros de ambos sexos. Si nosotras continuamos tirándonos tierra, ¿cómo vamos a salir? La mujer siempre se presenta de dos formas: Como víctima o como culpable, culpable incluso de su propia muerte porque “lo provocó”.
El lenguaje es el pensamiento. Y las mujeres debemos darnos cuenta que somos discriminadas, que somos reducidas y que depende de nuestra mente, de nuestro lenguaje el dar los pasos a los cambios. Las mujeres no somos “pobrecitas” ni somos “víctimas” ni causantes del abuso, de la agresión. Somos seres humanos completos. Decía Sara, “los hombres están espantados porque les dijeron que eran el rey del mundo y ahora deben compartir el poder”. Necesitamos, mujeres, cambiar el lente con el que vemos la vida.





