Morelia, Mich. | Montserrat Herrera/Acueducto Online.- Las calles de que rodean a la Zona Militar, aún mojadas por las lluvias que abrazaron la ciudad por la noche, eran testigos del acontecimiento que se daría en la explanada del Cuartel General: la Ceremonia de Destrucción de Armas de Fuego Decomisadas.
Posaban sobre las mesas y el suelo las 1,274 armas de fuego que fueron decomisadas desde hace cuatro meses, al igual que los 68,285 cartuchos y 2,393 cargadores, quienes esperaban su final.
Frente a ellas, el batallón militar en posición de firmes, atentos a cualquier indicación, la banda de guerra y la escolta pintaban de verde lo gris del Cuartel General, creando un gran contraste sin quitar el ambiente formal.
Dos helicópteros militares se imponían con su gran tamaño ante todos los que asistimos, haciéndonos ver pequeños como hormigas.



Cerca de ellos, las dos camionetas montadas por elementos del batallón cerraban el perímetro, dejándonos ver hasta dónde se tenía acceso.
La bandera de México llegó al son del redoble de los tambores y el sonido de las trompetas que retumbaban en cada esquina del Cuartel General; después, fue desenrollada frente a todos, saludándonos con sus oleajes.
Después del discurso de Samuel Suárez Méndez, Coronel de Infantería Diplomado de Estado, el Secretario de Gobierno en el Estado de Michoacán, Carlos Torres Piña, junto con el Secretario de Seguridad Pública, José Alfredo Ortega Reyes, fueron acompañados hasta las mesas para elegir las armas que serían destruidas frente a nuestros ojos.
Los elegidos para su muerte fueron un fusil Norinco calibre 7.62 x 39 y una pistola calibre 38 marca, las cuales fueron desmanteladas antes de pasar a la sierra.
Una vez desarmadas, la sierra en forma de círculo comenzó a cortar de a poco las partes de las armas, creando una ráfaga de chispas que salieron disparadas hacia los que estábamos cerca.
Los restos fueron puestos en cajas, como si fueran ataúdes, y así se dio fin a la ceremonia.
Las armas, con fecha de defunción, posaron por última vez para las cámaras, despidiéndose de todos…















