Morelia, Mich. | Montserrat Herrera/Acueducto Online.- Los niños entraban en filas, agarrados de las manos, creando un ciempiés que se metía de a poco en la sala del Teatro Ocampo; después de que tomaran sus lugares las luces se volvieron más y más tenues.
Una luz que iba directo hacia el escenario era lo único que iluminaba, en eso, el cuentista Mario Iván Martínez apareció bailando y saludando al público.
Desde el momento en que puso un pie sobre la tarima, robó la atención de chicos y grandes, los cuales aplaudieron sin parar al verlo.
Mario Iván comenzó a contar, con su particular forma de contar cuentos, la infancia de Mozart, mostrando cómo el artista era todo un niño prodigio.



(Fotos: ACG)
Mario envolvía al público en la historia, tanto que parecía que no estaba solo en el escenario, sino que sale dio hilo a la imaginación de cada uno de los espectadores y, con distintas voces, recreaba a los personajes.
Las marionetas parecían vivas entre sus manos, cosa que impresionaba a los pequeños del lugar, los cuales no se movieron de su asiento en ningún momento.
Mario sacaba de los baúles algunos muñecos, instrumentos, incluso destellos que hacían mágica la experiencia de verlo en el escenario.
Después, bajó del escenario y caminó entre las filas de los asientos para regalarle a alguna niña la bonita flor que usaba para contar su cuento, cosa que la pequeña agradeció.





(Fotos: ACG)
Después de un corto receso, comenzó otro programa, en donde enseñaba a los niños las partes importantes de una banda sinfónica.
En eso, platicó la historia de Tubi, la tuba que quería tocar algo más que notas repetitivas, la cual le demostró a toda la banda sinfónica lo que es capaz de hacer.
Sus cuentos, más allá de ser solo eso, tenían un mensaje para todos los niños, tanto como apreciar la música clásica, como seguir sus sueños y aspiraciones.
«Y colorín colorado, este cuento se ha acabado», hizo una reverencia y el público hizo llover los aplausos.
Al salir, se dio tiempo de firmar y tomarse la foto del recuerdo con su público más querido, los niños.





