Acueducto | Samuel Ponce
En el tardío inicio de campaña del candidato a gobernador de Michoacán de la coalición MORENA-PT, Alfredo Ramírez Bedolla, hubo cuatro discursos, el de la petista Brenda Fraga, que pasó desapercibido, el del abanderado a la alcaldía de Morelia, Iván Pérez, que trató de ser enjundioso, el del fallido aspirante al Solio de OCampo, Raúl Morón, que no pudo evitar su resentimiento, el del propio diputado local con licencia, Alfredo Ramírez, que al final perdió la brújula, y el del líder nacional del primer instituto político, Mario Delgado, que recordó a la vieja perorata priísta. Él, el dirigente morenista, quiso ser chistoso, no logró, al establecer que a veces a su amigo, el abanderado por Morelia, le decía Iván Pérez «Morenón», alabó lastimeramente al alcalde de Morelia con licencia al indicar que da una gran lección al admitir que el proyecto de la 4T está más allá de las personas, no pudo evitar hablar de la oposición, calificándola como una pandilla de bravucones, a los que incitó a sacar del Gobierno del estado, quiso arengar a los presentes con un qué les dirían a los de PRIAN y solo se susurró un anáquico que chinguen a su madre e inmeditamente él responder con un «es un honor estar con López Obrador», luego se fue tras los órganos electorales federales para delirar una persecución fiscalizadora, y ya final demandó no solo ganar las elecciones del 6 de junio, sino arrasar, sin conseguir la efervescencia anhelada.





