Crónica / Covid-19; una vacuna, 21 días sin tinto

Especial


Atrás quedaba la idea ir a la costa michoacana y mirarse uno bajo el cobijo de Sotavento y deleitar una refrescante agua de cebada para dar paso a un indiscutible tinto, merecedor de acompañar un exquisito pescado a la talla; atisbando hacia el inquietante mar.

Es sábado. Estoy registrado, pero aún no hay cita, la esperada llamada telefónica, para agendar lugar, día y hora para la aplicación de la vacuna contra el Covid-19.

Sin embargo, me atrevo, me aventuro, sin cita, acudir alrededor del estadio Venustiano Carranza, una de las sedes anticovid-19; antes taquitos de barbacoa de chivo y una nada fría agua de piña.

En la entrada del lugar no hay fila alguna, dos, tres y accedo, solo me dan gel y toman la temperatura; paso a un enorme espacio que alberga cuatro canchas de basquetbol, indican donde situarse, no sin interrogarme sobre padecimientos, lamentaciones.

Una de las preguntas me desbalancea: ¿tomó alcohol ayer?, trato de deletrear cuantos Buchanans en las rocas bebí, uno, dos, tres, cuatro… y en ese número me quedo; cierto, mentí, omití dos o tres más.

La música ambiental es más de los 60 que de los 70s, predominando los boleros, los grandes éxitos de la Sonora Santanera y nada de Pedro Infante, nada de Juan Gabriel, nada de rock, de disco…

El calor arrecia, el sitio está lleno, hay dos bloques con grandes hileras de gente sentada, de la tercera edad, algunos miran hacia todos y hacia ningún lado, soy uno de esos, otros parlotean entre ellos, que son los menos, y los demás se quedan absortos, en una oscilante espera.

Luego, sin más, diez minutos más, sin esperarlo, inicia la aplicación de la vacuna; la enfermera de tenue voz me acaricia con un pequeño algodón una parte del brazo izquierdo, me hace platica, trata de distraerme, me distraigo y ¡papas!. Detengo el algodón.

Mientras reparten, no exactamente a diestra y siniestra, agua envasada y fruta, el del altavoz nos dice que los que fuimos vacunados debemos esperar media hora para ver los efectos del biológico; nos da indicaciones de que debemos y que no debemos hacer.

¿Todo bien?, me pregunta una mujer joven, vestida de blanco, le digo que no, se sorprende, voltea como buscando ayuda de algunos de sus compañeros, se me sale un dalay, dalay, sonríe extrañada.

A la enfermera que no me ha quitado la vista de encima esperando alguna reacción por la vacuna, simple y llanamente le confieso que todo casi está bien, sobre todo la fluidez para aplicar el anticovid-19 y la atención del personal, pero en lo que no estoy de acuerdo es porqué fregaos tengo que abstenerme durante 21 días de adorar a Baco, al Dios del vino.