Crónica | Bardo, la grieta por la que entra la luz

(Foto: cortesía)

Morelia, Mich. | Montserrat Herrera/Acueducto Online.- El auditorio del Centro Cultural Universitario fue testigo de la reunión de una película que, en palabras de Alejandro González Iñárritu, no se ve, se siente.

Aunque el elenco pasó primero a la tarima, la presencia del cineasta hizo que la sala se llenara de aplausos; una vez tomada la foto principal, procedieron a hablar de la película.

Bardo, una falsa crónica de unas cuantas verdades, toca temas como la migración por las cuales varias personas han pensado en que es una película que «todo mexicano debe de ver».

«No hay nadie más mexicano que el mexicano que deja el país… ¿y por qué? Porque cuando dejas tu país se te acumulan las ausencias…»

Iñárritu confesó que la película no se trata de su vida, afirmó que puso una gran parte de su corazón en ella ya que ha vivido cada una de las experiencias que se proyectan en el filme.

«Decía una canción hermosísima que en todo hay una grieta, pero es por la grieta que entra la luz, entonces la película es eso»…

El cineasta, productor de la gran película «Amores Perros», dijo que antes intentaba reflejar la realidad pero que, ahora, lo que menos le importa es la realidad misma.

Es así como Bardo se teje entre tramas, historias, y te cuestiona sobre si lo que estás viendo es real o un producto de la mente, que se intenta burlar de ella.

Iñárritu, junto a su equipo, fueron minuciosos al crear el filme y confesaron ante la prensa que, cada cosa que se ve, tiene un significado, desde un libro en un librero hasta el movimiento de la cámara.

Es así como Bardo se convierte en lo que Iñárritu llama «un pozole», pues, aunque contiene un montón de objetos con significados, cada uno contiene su propia esencia.

«El subtítulo que es «falsa crónica de unas cuantas verdades», lo que quiere decir que todas estas secuencias, imágenes, pertenecen al imaginario, inclusive, yo mismo no sé cuál fue real, cuál fue fantasía o cuál fue un sueño, pero todo es parte de mí».

El actor principal de la película, Daniel Giménez Cacho, confesó que no fue elegido por su talento para ser la cara principal de Bardo, sino que la situación que estaba viviendo conectaba perfectamente con lo que la película quería reflejar.

«Antes de empezar la película se me metió a la cabeza que yo quería morirme conscientemente… que mi muerte fuera mi último acto de vida… me cae esto y digo «esto es lo que yo quería»… ¿cómo es que yo lo deseo y llega? Cuando me decían «corte, mañana lo volvemos a hacer», yo decía «perfecto, me da chance para seguir ensayando cómo me voy a ir de este mundo».

Después de la rueda de prensa, todo el elenco y el equipo de Bardo salió rumbo al Teatro Mariano Matamoros, en donde cientos de personas esperaban la llegada de Iñárritu para, al menos, tomarse una foto.

Morelia, la ciudad de la cantera rosa, estaba adornada con destellos naranjas que las flores de cempasúchil brotaban, creando una combinación armoniosa entre la estructura colonial de la ciudad con la vividez de las flores que guían a los muertos.

Una valla blanca dividía al público de la alfombra roja en donde los famosos harían acto de presencia para fotos y pequeñas entrevistas.

Aunque el evento importante era el Festival Internacional de Cine de Morelia, las tradiciones michoacanas se hicieron presentes, pues una catrina con alas de mariposa se paseó por la alfombra, representando a las costumbres del estado que vio nacer al festival hace ya 20 años.

En cuanto el cineasta bajó del auto, la gente coreó su nombre y le dio la bienvenida a la capital michoacana.

Después de casi una hora en la alfombra roja, todo el elenco y equipo de Bardo, junto con algunos invitados importantes como el presidente municipal de Morelia, Alfonso Martínez Alcázar, el gobernador del Estado de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla y el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, entraron a la sala 2 del Teatro Matamoros para presenciar, por primera vez, el filme que dio inicio al Festival Internacional de Cine de Morelia.

Con el flayer del festival de fondo y una luz directa hacia el podio, Iñárritu presentó a cada uno de los integrantes del elenco que lo acompañaron para observar la obra que, durante más de un año, se trabajó para llegar hasta aquí.

Fue así como terminó el acto de inauguración y se proyectó en la pantalla la película más esperada de este festival: Bardo, una falsa crónica de unas cuantas verdades.