Morelia/Héctor Tapia
Hay apenas unos minutos de descanso entre tanta gente que llega al puesto que tiene en el Encuentro de Cocineras Tradicionales, en el Centro de Convenciones. Ese tiempo lo aprovecha para acomodar lo que esté desacomodado en el puesto.
Doña Francisca, de la región de Zitácuaro, de la comunidad de Crecencio Morales, llegó invitada con otras compañeras al Encuentro. Presentarán y venderán la comida que es típica de donde provienen.
Ella es de origen Mazahua, cuenta mientras se acomoda el mandil. Luego de atender durante toda la mañana el mismo ya tiene algunos rastros de masa que utilizó para la elaboración de tortillas.
Allá en su tierra, dice, lo tradicional es el pozole de trigo, guisos con quelítes, chicharos y habas que es lo que siembran.
Porque ellos procuran comer lo que ellos mismos cultivan, remarca. Así es como les enseñaron, dice mientras se comienzan a acercar de nuevo los comensales. El descanso se acabó.
No importa, de gesto amable, sigue contando las formas de preparar diversas de las habas. “Mi mamá nos enseñaba cómo”, dice sonriendo amablemente.
“¿A cuánto el champurrado?”, le preguntan.
“A 10”, contesta. Y mientras va sirviendo las dos raciones que le piden, señala que su mamá les enseñó a no desperdiciar la comida; “todo se come”, le decía.
La gente ahora consume comida “más sencilla” dice, ya no es lo mismo. Pero por eso también se enferman, agrega.
Tiene cuatro hijos, se casó a los 17 años, uno de ellos es mujer y le ayuda en la cocina también, le aprende las recetas.
A ella le gusta comer los frijoles y las habas, describe la preparación, y agrega, haciendo señas con las manos, como si estuviera también preparándolos, que le gustan también “los nopalitos, tortillas de trigo, o maíz, amortajada en el metate”.
“A Mis hijos no les di nunca comida que no fuera sacada de la tierra, de la que sembrábamos”, dice orgullosa; por eso no se enfermaron, remarca.






