Morelia/Samuel Ponce Morales
Fue un encuentro anunciado, no, no fue casual, el ex gobernador michoacano estuvo en un café, a un lado de la plaza que alberga el monumento a Morelos; sin embargo, los sorbos fueron de un aromático té.
La mañana fue agitada para él, una firma de un convenio con la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), en donde fue rector, antes de ser designado sorpresivamente jefe del Ejecutivo del estado.
La cita se dio antes del mediodía, antes de que regresara a la Ciudad de México, a sus oficinas situadas en el centro histórico de la propia capital del país, al interior de una de las sedes de la Secretaría de Educación Pública (SEP).
A dos semanas de ser operado, luce, como casi siempre, fresco, alegre y muy ejecutivo. Hablamos de todo un poco, mayoritariamente de político, pero lo que más me llamó la atención fue su despreocupación, sin poses, de intentos de linchamiento mediático.
No, no le preocupa que se difunda, que se publique, que se socialice, por cualquier medio, observaciones tanto en su periodo como rector de la máxima casa de estudios como en la pasada administración estatal.
Él dice que no ha cometido ninguna irregularidad en el ejercicio público, que si existiera alguna se le demuestre por las instancias correspondientes, lo cual, añade, hasta el momento no ha sido así, ni será.
A estas alturas de la plática, él hace, deshace y rehace su agenda de las próximas horas y hasta de la venidera semana, en la cual sostendrá una reunión con integrantes de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones Educación Superior (ANUIES).
Vestido de manera impecable, de traje gris, corbata de rayas azules e igual grises y camisa azul, no se le ve, está relajado, diría hasta feliz, como si tuviera el mundo a su pies, tan campante como la figura del caminante que lleva el logotipo del wisky Jonhnnie Walker.





