Texto Alfredo Soria / ACG
Sahuayo, Michoacán.- En Sahuayo, José Preciado recorre las calles acompañado de Candy, su perrita desde hace siete años. Con sólo decirle “Candy, ayúdame”, ella le ofrece sus patas y lo ayuda a subir o bajar las banquetas, compartiendo cada paso a su lado.
Candy carga una pequeña bolsa en el hocico. Con ella, además de ayudarle a llevar cosas ligeras del mandado, reciben monedas de quienes los ven pasar; ese dinero, José lo dona al asilo de ancianos de la ciudad.
Cuando José va a la Parroquia de Santiago Apóstol, Candy se queda afuera, quieta, esperándolo. Una escena sencilla que muestra el lazo inseparable entre un hombre y su compañera de camino.






