Antes del viacrucis, la fe toma forma en la Juárez

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Morelia, Mich. | Asaid Castro/ACG.- Antes de que el calor apriete y las calles de la Colonia Juárez se llenen de visitantes por Semana Santa, en las calles de esta zona ya hay movimiento. Afuera de la parroquia El Salvador del Mundo, poco antes de las nueve de la noche, comienzan a reunirse los primeros rostros de una tradición que, año con año, convierte a este barrio en escenario de una de las representaciones más concurridas de la ciudad.

No hay túnicas todavía ni cruces sobre los hombros, pero fe, indicaciones y miradas concentradas. Jóvenes en su mayoría, entre los 18 y 25 años, escuchan atentos, bromean entre ellos y se acomodan en filas improvisadas. Algunos llegan directo de la escuela, otros del trabajo. Aquí, dicen, se viene por fe.

«Es trabajoso, pero muy gratificante, aquí lo hacemos por fe nada más», cuenta Rodolfo Sánchez, coordinador de la representación, mientras observa a los muchachos tomar posiciones. «La mayoría son jóvenes, y eso es lo que le da vida a esto, ver que se acercan con amor a Dios».

Ensayar la fe

La representación de la colonia Juárez no es nueva. Este 2026 cumplirá 56 años de realizarse, consolidándose como una de las más antiguas y concurridas en Morelia, según su coordinador. Aunque el recorrido y el día principal concentran la atención, el verdadero trabajo comienza meses antes.

Desde que termina una Semana Santa, el grupo mantiene seguimiento, pero es a partir de enero cuando el ritmo se intensifica. Ensayos constantes, ajustes en la logística, preparación de vestuario y escenografía, además de la organización del sonido y los escenarios, forman parte de una maquinaria que se mueve casi en silencio.

Todo corre por cuenta del grupo.
«Los vestuarios, el audio, los templetes… todo sale del esfuerzo de los muchachos. A veces hay apoyo de la gente, donaciones, de la venta de cosas de los mismos vecinos, pero esto es más que nada un acercamiento a Dios», asegura rodolfo, alistándose de nuevo para dirigir el ensayo de la noche anterior.

La exigencia no es solo organizativa. Quienes participan deben prepararse física, mental y espiritualmente, pues el recorrido se alarga más de tres kilómetros, bajo el sol y entre calles llenas de gente que busca acercarse lo más posible a la escena.

«Las cruces pesan entre 70 y 90 kilos”, añade el coordinador. «Y no solo es el peso, también es la gente que quiere ir cerca, que se mete, que acompaña. Todo eso es parte del reto».

Cargar la cruz

Este año, el rostro de Jesús será nuevo.
Carlos Alberto Sánchez, de 24 años, asumirá por primera vez el papel principal; lleva tiempo en el grupo, pero ahora le toca estar al frente. Entre nervios y emoción, habla de un proceso que va más allá de memorizar diálogos.

«Es difícil, sobre todo por la preparación mental y espiritual», dice. «Estar bajo la crítica de la gente, dejar malos hábitos… es como una conversión, es intentar estar en gracia con Dios en todo sentido».

Para él, la preparación empieza desde el cuerpo. Cada fin de semana recorre la ruta completa, ensayando el esfuerzo que vivirá el día de la representación. La estructura que le toca cargar pesa al rededor de 80 kilos, lo de una persona de talla media grande.

Pero insiste en que lo más complejo no está en los músculos.

«Lo espiritual es lo más importante: confesarse, comulgar, estar en gracia. Y también cambiar como persona. Eso es lo más difícil, pero también lo más bonito».
Carlos no llegó por casualidad, dice con emoción que desde niño quiso interpretar a Jesús.

Hace dos años comenzó a prepararse, primero como ladrón, probando el peso de la cruz, midiendo sus límites. Hoy, dice, vive una de las experiencias más significativas de su vida.

Mientras tanto, en la explanada de la parroquia, los ensayos continúan. Las indicaciones van y vienen de Rodolfo, los jóvenes repiten movimientos, afinan detalles. No hay aplausos, no hay público todavía, pero la escena ya se construye.

En unos días, las calles de la Juárez se llenarán de gente, de oraciones y de pasos que siguen a un Cristo bajo el sol. Por ahora, todo ocurre aquí, entre voces jóvenes y una tradición que se niega a quedarse quieta.