La una y mil versiones…

ACG

Morelia/Redacción

Los hechos habrían ocurrido entre las 5:00 de la tarde y las 10:00 de la noche del 26 de septiembre del 2014.

Versiones de los sobrevivientes, de la la Policía Estatal y el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) confirman que en punto de las 17:30 horas, a bordo de dos autobuses, salen los normalistas de Ayotzinapa rumbo a Chilpancingo en busca de más autobuses para el traslado de estudiantes a la marcha por el 2 de octubre de 1968, fecha recordada por la conocida matanza de Tlatelolco, en la Ciudad de México.

Media hora después y al percatarse de la presencia de la Policía Federal, los normalistas continúan su camino hacia Iguala, donde se realizaba, en el zócalo, el segundo informe de María de los Ángeles Pineda, titular del DIF municipal y esposa del alcalde José Luis Abarca.

Según reportes de la Secretaría de la Defensa Nacional, en la ceremonia también está presente el capitán segundo de infantería Paúl Escobar, en representación del 27 Batallón de Infantería del Ejército Mexicano, con sede en Iguala, y José Adame Bautista, coordinador de la Policía Estatal en la región norte de Guerrero.

Sería a las 19:00 horas cuando los normalistas llegarían a la caseta de cobro de Iguala, donde estacionaron ambos autobuses. Las versiones coinciden en que fue ahí cuando los integrantes del grupo «Guerrero Unidos» fueron notificados de la llegada de los estudiantes. En la versión de la PGR, sostienen que para este momento los normalistas ya llevaban aproximadamente cinco horas “boteando” en la caseta.

A las 19:30 horas el informe de la primera dama guerrerense finaliza.

A las 20:00 horas los normalistas que están en la caseta de cobro “toman” un autobús y acuerdan con el chofer que los pasajeros serán llevados a la terminal camionera de Iguala y que luego volverán a la caseta para de ahí partir a Ayotzinapa, según informan por los reportes y bitácoras del Ejército, la Policía Federal, el C4 y la Policía Estatal, así como por testimonios de presuntos integrantes de Guerreros Unidos. Todos coinciden en la hora. Ese camión sería finalmente abandonado en la terminal.

En contraparte, la PGR afirma que en este punto los estudiantes están en la terminal de autobuses de Iguala, donde presuntamente habrían golpeado a los choferes, versión que fue desmentida por los mismos.

Media hora después, los pasajeros de las unidades se encontrarían en la Terminal de Autobuses de Iguala; sin embargo, los normalistas serían encerrados en el vehículo por el chófer, por lo cual el resto de estudiantes, cerca de 70, se movilizaron hacia la Terminal.

En el trayecto son seguidos por una célula de Guerreros Unidos, a bordo de una camioneta RAM, según la versión uno de los presuntos sicarios, integrada en la averiguación previa. Este mismo dato es sostenido por GIEI.

Según la PGR, los normalistas llegan al zócalo de Iguala cuando el acto político de María de los Ángeles Pineda aún se desarrollaba y usa esta supuesta coincidencia para intentar explicar el secuestro y desaparición de los 43.

Esto ha quedado desmentido por todos los involucrados, así como por testigos presenciales, de acuerdo a las declaraciones que integran la averiguación previa y los reportes de las distintas fuerzas de seguridad con presencia en Iguala.

Testigos presenciales y el GIEI confirman que los dos camiones con normalistas llegan a las 21:16 horas a la Terminal (y no a las 8 de la noche, como asegura la PGR). Las cámaras de seguridad de dicho inmueble registran que un minuto después llegan policías –no se precisa si estatales o municipales- con las armas desenfundadas, pero permanecen fuera de la terminal, por lo que no se da un enfrentamiento.

Durante los siguientes diez minutos, los normalistas capturan otros tres autobuses (además de los dos en los que llegaron desde Ayotzinapa).

Ahora van abordo de cinco autobuses, que salen de la terminal por caminos diferentes: tres hacia el centro de Iguala, con la intención de tomar Periférico Norte y luego la carretera a Chilpancingo; otros dos, con ocho minutos de diferencia entre uno y otro, toman hacia Periférico Sur, con el mismo objetivo de llegar a la carretera.

En el primer grupo –de tres camiones– van alrededor de 55 normalistas, en el segundo –de dos camiones– van entre 33 y 35, dice el GIEI.

La PGR asegura, no obstante, que todos los autobuses con normalistas siguieron un solo recorrido, hacia Periférico Norte, y que nunca se dividieron.

A las 21:26 horas, el C4 reporta que elementos de la Policía Estatal son enviados “al lugar de los hechos”, comandados por el coordinador de la Policía Estatal zona Norte, José Adame Bautista, lo cual contradice la versión de la PGR, la cual afirma que no participaron fuerzas de seguridad estatales ni federales.

La caravana de tres autobuses que va rumbo hacia Periférico Norte pasa por el zócalo de Iguala a las 21:30 horas, donde son perseguidos por policías municipales y miembros de Guerreros Unidos. Los elementos policíacos habrían disparado al aire, a lo cual los normalistas respondieron con piedras hacia una patrulla, la cual se retira; sin embargo, el resto de ellas comienzan a disparar, hiriendo en la mano a un joven.

Sería en este mismo momento cuando César Nava, subdirector de la policía de Cocula, ordena a subordinados que estaban en el poblado de Apipulco que se dirijan a Iguala para auxiliar en los ataques contra los normalistas.

Según la “verdad histórica” de la PGR, “los normalistas inician la agresión” y los policías “responden”.

A las 21:35, la caravana de tres autobuses, que recibió el primer ataque, que va por el zócalo, dobla en la calle Juan N. Álvarez, desde la que intentan llegar a Periférico Norte y luego a la carretera. Sólo se reporta un herido, según las declaraciones de los policías municipales.

Según el C4, para ese momento patrullas de la Policía Municipal de Iguala seguían a los estudiantes, mientras que otras se colocaban cuadras adelante de la comitiva, para acorralarlos.

Los estudiantes, uno de los choferes de los autobuses y los presuntos sicarios de Guerreros Unidos coinciden en que en ese momento arrecia la balacera contra los autobuses. Es el segundo ataque.

En esta balacera, por vez primera, participan presuntos sicarios.

La PGR no reconoce este último dato.

Entre las 21:40 – 50 horas, según reportes de la Policía Estatal, radicados en la averiguación previa, el coordinador de la Policía Estatal zona Norte, José Adame, reporta a su superior que ha decidido acuartelar a sus 38 elementos, con sus patrullas, para proteger las instalaciones y el penal de Iguala, que se encuentra junto.

No obstante, el GIEI, víctimas, policías municipales detenidos y los choferes de los autobuses atacados aseguran que en las agresiones sí participaron policías y patrullas de la Estatal.

A pesar de esta diferencia, todos coinciden en señalar que, mientras tanto, en la calle Juan N. Álvarez, justo en la esquina con Periférico Norte, es atravesada una patrulla de la Policía Municipal para bloquear el paso a los normalistas, quienes descienden de un autobús e intentan retirar la patrulla, para huir de Iguala.

Es en este momento que policías municipales y sicarios de Guerreros Unidos abren fuego nuevamente, hiriendo al normalista Aldo en el cráneo. Es el tercer ataque.

Todos estos hechos son seguidos, a la distancia, por elementos de inteligencia militar, que reportan en tiempo real al 27 Batallón, sin que intervengan. Es entonces cuando llegan a la zona los policías municipales de Cocula, que han sido enviados como refuerzo.

En la “verdad histórica” de la PGR no se reporta la presencia de militares ni de policías de Cocula.

Todos coinciden:

A las 21:55 horas un total, 45 disparos atinaron a los tres autobuses. Durante el ataque en la esquina de Juan N. Álvarez y Periférico Norte, los normalistas piden auxilio a sus compañeros de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa.

Uno de los normalistas recibe un balazo en el brazo, por lo que los estudiantes del vehículo en el que viaja este herido piden al chofer anunciar a la policía que van a entregarse. No obstante, al bajar del autobús, el chofer es golpeado por los policías, que ordenan a los estudiantes descender, y también son golpeados por los agentes.

Mientras esto pasa, según la propia Policía Federal, tres patrullas de esta dependencia son enviadas a cuidar los accesos carreteros de Iguala. No obstante, ninguna cumplió esta indicación: una de ellas recorrió los puntos donde se realizaban los ataques (sin prestar auxilio a las víctimas) y luego se alejó de Iguala, una segunda patrulla también se alejó de la ciudad, y una tercera volvió a la misma hora y por el mismo camino por el que PGR afirma que extrajeron a los normalistas de la ciudad. Testigos, víctimas y presuntos agresores sostienen que en los ataques también estuvieron presentes agentes de la Policía Federal.

La PGR no reconoce la presencia de policías federales.

A las 22:00 horas, mientras en el norte de la ciudad son baleados los tres autobuses de normalistas, al sur de Iguala, frente al Palacio de Justicia, agentes de la Policía Municipal y de la Policía Estatal detienen el autobús Estrella de Oro 1531, le ponchan las llantas, quiebran sus ventanas y arrojan granadas de lacrimógeno dentro, para obligar a salir a entre 13 y 15 normalistas que van en este vehículo. Es el cuarto ataque.

Los estudiantes de este camión son golpeados por cerca de 20 uniformados, según narra el chofer del autobús. Este ataque al sur de la ciudad también es seguido de cerca por agentes de inteligencia militar, pero, al igual que en los ataques en el norte, el Ejército tampoco le presta auxilio a las víctimas.

Es ahí donde, según la CNDH, llegan dos patrullas de la Policía Federal, preguntan sobre lo que ocurre y no intervienen.

La CNDH y el GIEI, además, sostienen que al lugar llegaron también patrullas de la Policía Municipal de Huitzuco (localidad vecina).

Afirman que policías de Huitzuco e Iguala trasladan a estos normalistas a Huitzuco, no a Cocula, como la PGR informó inicialmente.

Rastreos telefónicos oficiales confirman que policías de Iguala y algunos normalistas sí estuvieron esa noche en Huitzuco, según el GIEI. Luego de esto, el chofer es llevado en una patrulla de la Policía Estatal hasta una casa de seguridad en el centro de Iguala, donde es liberado.

Los estudiantes que viajaban en este autobús son parte de los normalistas desaparecidos, salvo en un caso: el de Alexánder Mora Venancio, del que la PGR afirma haber hallado un fragmento óseo en Cocula (a decenas de kilómetros de Huitzuco, a donde los testigos afirman que este grupo de víctimas fue llevado).

Sin embargo, el Equipo Argentino de Antropología Forense denunció irregularidades en la localización de este fragmento óseo, que podría indicar que fue sembrado por la PGR en Cocula. En este punto coincide el GIEI.

La PGR no reconoce este cuarto ataque a normalistas, al sur de Iguala.

El quinto camión con normalistas, el único que hasta el momento no ha sido agredido, va algunos kilómetros detrás, por el mismo camino.

A las 22:15 horas, el quinto autobús con normalistas, que va hacia el sur, es detenido por policías supuestamente federales, según testimonio del chofer y de los normalistas sobrevivientes.

Los normalistas que van en este vehículo logran huir corriendo, internándose en las colonias Pajaritos y 24 de Febrero, en donde son perseguidos a balazos por varias horas, tanto por policías –no se sabe si federales o municipales– como por la célula de Guerreros Unidos.

Este grupo de sicarios, que persiguió a los normalistas, afirma haber capturado al menos a cuatro de los que huyeron del quinto autobús y fueron supuestamente conducidos a una casa de seguridad en la colonia Pueblo Viejo, al norte de Iguala.

Los mismos presuntos sicarios agregan que, finalmente, al menos 14 normalistas fueron llevados a esta vivienda, en diferentes momentos de la noche, donde dicen haberlos asesinado y quemado dentro de una fosa. Ni GIEI ni CNDH ni PGR pudieron confirmar este dicho.

De ser cierta esta versión, tampoco se sabría de dónde salieron los 10 normalistas restantes llevados a esa casa de seguridad, ni en que camión iban.

La “verdad histórica” de la PGR negó inicialmente la existencia de este quinto autobús. Luego de que el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes pusiera en evidencia este ocultamiento, la PGR reconoció que los normalistas no iban en cuatro, sino en cinco camiones.

Sin embargo, cuando el GIEI confirma la presencia de un quinto camión, la PGR presenta para su investigación no sólo un autobús distinto al que en realidad usaron los normalistas, sino también un chofer diferente al que fue grabado por las cámaras de seguridad de la Terminal, como revelaron peritajes del GIEI.

Existen dos testimonios del chofer del quinto autobús: uno por escrito, redactado horas después de los hechos, y una segunda declaración presencial, formulada en agosto de 2015 por el chofer que, según el GIEI, suplantó al original (grabado por las cámaras de la terminal de Iguala). El GIEI sostiene la suplantación del chofer a partir de pruebas de escritura y con un video.

En la declaración escrita por el chofer del quinto camión horas después de la agresión, se asegura que, luego de que los normalistas abandonaron el vehículo, éste fue escoltado por la Policía Federal hasta la salida de Iguala.

El GIEI, con base en un informe de autoridades de Estados Unidos, sostiene que camiones como los que tomaron los normalistas son utilizados para trasladar heroína de Guerrero a Estados Unidos.

El GIEI plantea la hipótesis de que ésta fuera la causa de los ataques.

La PGR no dice nada al respecto.

Este ataque al quinto autobús con normaistas, que intentaban salir por el sur de Iguala, también es presenciado por agentes de inteligencia militar, según la propia SEDENA, además de la CNDH y el GIEI.

El reporte de la SEDENA, sin embargo, sólo mencionan que los conflictos fueron controlados por la policía municipal. No menciona nada más al respecto.

Ante los reiterados telefonemas ciudadanos al número de emergencias 066 (que controla el C4), alertando sobre balaceras y presencia de heridos en la vía pública, la PGR, a las 22:30 horas, solicita a la Policía Federal enviar a agentes a los puntos en conflicto para verificar la veracidad de estos hechos.

Las bitácoras de la PF dejan ver que, a esta hora, una de sus patrullas, apostada en la salida sur de Iguala, inicia su recorrido hacia el extremo norte de la ciudad, teniendo un único camino posible, el Periférico, por lo que esta patrulla debió pasar, obligatoriamente, por los dos puntos donde los normalistas estaban siendo atacados (Periférico Sur y Periférico Norte).

A pesar de ello, esta patrulla no reporta ninguna novedad en su camino y, de hecho, en la versión de la PGR, la Policía Federal no tuvo ninguna injerencia en estos hechos, lo cual es desmentido por agresores y víctimas.

GIEI y CNDH coinciden que una patrulla federal se topa con el cuarto camión, que fue atacado en el sur de Iguala.

A las 22:50 horas, en Periférico Norte, entre seis y 7 patrullas se llevan “detenidos” a los aproximadamente 30 normalistas que han decidido entregarse. De este grupo de normalistas, sólo el estudiante herido en un brazo fue llevado al hospital, mientras que el resto fueron desaparecidos.

Según declaraciones de agentes municipales y de presuntos integrantes de Guerreros Unidos que participaron en los ataques, un grupo de 14 estudiantes fueron llevados a la Comandancia de Policía de Iguala, donde los mantuvieron retenidos poco más de una hora, y luego fueron entregados a policías de Cocula, que afirman haberlos llevado a la colonia Loma del Coyote (al norte de Iguala, en el camino que lleva a Cocula).

Otro grupo de normalistas secuestrados van rumbo a Huitzuco, según los testigos.

Agentes de la Policía Federal Ministerial (es decir, de la PGR) reconocen haber acudido a Juan N. Álvarez y Periférico Norte, en donde reportes del C4 indican que había habido una balacera protagonizada por policías municipales, que había dejado civiles heridos. No obstante, estos agentes de la PGR siguen su camino, sin prestar auxilio a las víctimas, de acuerdo a los reportes oficiales de la Policía Federal, divulgado por el gobierno del estado de Guerrero.

Todas las versiones coinciden: un autobús de la empresa Castro Tours, que traslada a futbolistas del equipo Los Avispones, intenta salir de Iguala con rumbo a Chilpancingo a las 23:20 horas, cuando es atacado en la salida sur de la ciudad, en el cruce carretero conocido como Santa Teresa (12 kilómetros más allá del Palacio de Justicia). Es el sexto ataque de la noche.

Testigos afirman que en este ataque participaron policías municipales de Iguala y “uniformados no identificados”.

Según la PGR, sólo estuvieron policías municipales de Iguala, a bordo de dos patrullas pick up, y sostiene también que balas perdidas impactan contra dos taxis, lesionando a sus conductores y matando a una tripulante.

Sin embargo, los taxistas heridos señalan que, en realidad, este ataque fue perpetrado no sólo por policías a bordo de dos patrullas, sino también por personas con uniformes oscuros, ocultas a ambos costados de la carretera.

Además de la pasajera de uno de estos taxis, en este ataque muere el chofer del autobús Castro Tours, un jugador de Los Avispones, y ocho más quedan heridos, dos de ellos de gravedad.

Los jugadores de futbol y familiares que los acompañaban denunciaron que luego del ataque llegaron al lugar patrullas de la Policía Federal, comandadas por el inspector Rafael Dorantes, quienes se negaron a trasladar a los heridos a un hospital, bajo el argumento de que la sangre ensuciaría sus unidades.

Algunos de estos heridos fueron llevados en autos particulares al cuartel del 27 Batallón de Infantería del Ejército, pero en estas instalaciones se les negó auxilio médico, según GIEI y CNDH. Las ambulancias que acudieron a este lugar, para atender a los heridos más graves, llegaron más de una hora después de que se solicitó auxilio al C4.

Ninguna de estas omisiones en la atención de heridos ha sido reconocida por la PGR.

Cinco presuntos sicarios de Guerreros Unidos, que se encuentran para este momento en Cocula, aseguran que su superior les ordena telefónicamente trasladarse a Loma del Coyote, esto alrededor de las 23:30 horas.

Según el GIEI, existen pruebas de que estos cinco presuntos sicarios, así como la persona señalada como su líder, Gildardo López Astudillo, pudieron ser sometidos a tortura luego de ser capturados.

Los cinco presuntos sicarios que fueron convocados a Loma del Coyote declaran haber recibido a las 23:50 horas el primer grupo de cuatro normalistas secuestrados, los cuales son puestos a bordo de una camioneta Nissan pick up, y trasladados a una casa de seguridad en el caserío conocido como Barranca de la Plata, en Cocula. Según los detenidos, una de estas víctimas ya “iba asesinada” cuando les fue entregada por los policías de Iguala y Cocula.

Estas declaraciones posiblemente fueron obtenidas bajo tortura, según el GIEI.

En la llamada “verdad histórica”, la PGR sostiene que aquí fueron entregados los 43 normalistas a los cinco sicarios de Guerreros Unidos.

Sin embargo, el GIEI informó que peritajes recientes de la propia PGR prueban que al menos un normalista y un policía municipal de Iguala fueron a Huitzuco.

La CNDH y el GIEI presumen que al menos un grupo de entre 13 y 15 normalistas fueron llevados al municipio de Huitzuco.