Ciudad de México/Enrique Castro
La colonia del Valle es una de las zonas más famosas de la Ciudad de México, ahora luce vacía y a oscuras, es la primer y larga noche DX después del azotador sismo.

Brigadistas en camionetas circulaban junto a motociclistas, todos ciudadanos y voluntarios. Una manzana permanece cerrada, grandes luces iluminan un mar de cascos y acordonamiento impiden el tránsito de quien no esté autorizado.
Adentro tres torres de edificios se derrumbaron con todo y sus inquilinos. Militares, bomberos, topos y voluntarios tenían una gran cadena humana para retirar escombro.
Era zona peligrosa y es indispensable sacar a los sobrevivientes y los cuerpos de quienes no tuvieron suerte.

Se repitió el grito de «¡silencio!» tantas veces sin perder la esperanza. Al final de unos de estos el grito cambio por uno de «Caaamilla». Entonces paramédicos corrieron hacia la zona con la petición cargando; a los pocos minutos todos comenzaron a aplaudir y gritar.
Desde lo altura del montículo de escombros una camilla con una persona iba bajando, estaba con vida y todos se llenaron de sonrisas, un hombre de avanzada edad parecía.
A los escasos minutos siguieron con los trabajos, ahora le tocó el turno a los binomios (humano-perro) peinar la zona mientras los escombros seguían saliendo.

Ahora, la petición no fue de camilla, sino de una manta. Automáticamente todos hicieron una valla agarrados de los brazos y permanecieron en silencio.
Un cuerpo bajaba de los escombros, pero sin vida. Algunos de los presentes aplaudieron mucho.
Apenas eran las 4:00 horas y el derrumbe se veía intacto, sin duda fue una primera muy larga noche para los rescatistas, voluntarios y familiares en la colonia del Valle.






