Morelia/Enrique Castro
Trigo Bravo, reza la manta publicitaria en la puerta, es una pastelería artesanal. Lleva ya casi un año y funciona bien. Los dueños son Aurora Bravo Lucas y José García Guerrero, quienes obtuvieron el financiamiento de las arcas estatales.

El mostrador luce lleno de pastelillos, pays y pasteles decorados; también hay galletas. Al fondo la batidora no se da abasto; un pastel de elote está en primera fase de elaboración y unos pastelitos acaban de salir del horno. Ellos obtuvieron un apoyo por parte de gobierno michoacano para impulsar el negocio.
Ellos estuvieron en el lugar equivocado en el día y momento erróneos. A 9 años del granadazo en la plaza Ocampo de Morelia, los recuerdos se mezclan entre la masa, el azúcar y el betún.

Aurora tiene su trabajo de siempre en una agencia de carros y José sigue en el suyo, por la tarde se convierten en sus propios jefes y sacan a delante el negocio.
Sencillo y abierto, el matrimonio platica mientras trabaja; temas variados desde fútbol hasta cuestiones médicas.

Ella se parte en tres cada día, Su trabajo, la pastelería y el cuidado de dos personas en casa, él comenta que a veces se duermen a las 2:00 de la mañana para levantarse tres horas después, a las 5.
Con el día a cuestas, lucen un poco cansados, pero hablan sobre su pastelería: «Mira, ahorita tenemos este pequeño negocio, hacemos de todo tipo de postres, la idea surgió una vez que nos platicaron en Atención a Víctimas, de la actual administración, sobre proyectos productivos.
“Nos interesó la idea, platicamos. a ella le gustó y aquí andamos echándole ganas, más que nada para tener alguna distracción» platica José, quien afirma que siempre mantienen la mente en algo positivo, para salir adelante y dejar el pasado atrás.
Él perdió a su madre el 15 de septiembre en el 2008 en el lugar del atentado, se desvaneció y poco pudo hacer ya que una fractura expuesta lo imposibilitaba.
Después de eso vinieron las promesas «hemos estado luchando por las pensiones vitalicias porque ese fue lo que prometieron a todos los afectados…”.

«Realmente fue muy desgastante, nos aguantábamos el dolor, ya no tomaba medicamento, me hacía más daño, tenemos esquirlas en las piernas, me removieron del puesto en mi empresa, porque yo era chófer y ya no podía manejar mucho, se me hinchaban los pies, a la larga me afectó en el trabajo, mi pasión es el volante».
Su esposa a un lado habla sobre el paso a paso del negocio: «Nos va bien, nosotros pensamos que nos puede ir mucho mejor, no podemos empezar a gatear y luego correr» y ese dicho lo aplica a lo emocional también.

Bravo toma la palabra de nuevo: «no podemos dejar de lleno el trabajo, es algo gratificante, nos gusta trabajar, no lo tomamos pesado».
Con voz segura, reflexiona sobre los hechos: «Yo en mi caso, digo que hay que dejar todo atrás, vivir en el pasado es seguir haciendo daño, pensar en el presente; no te puedes detener a guardar rencor hacia la gente, nosotros adelante y siempre adelante».
Entre sonrisas que muestran una especie de triunfo emocional posan para una fotografía en su pastelería, y se regresan a seguir con los pendientes.





