Crónica. Mucha zozobra, muchos rostros de tristeza…

Imagen: ACG/Wendy Rufino

Juchitán/Wendy Rufino

Aquí, en Juchitán, aún no llega la ayuda a todas partes. Hay mucha zozobra, caras de tristeza. Adelina Santiago Robles pide ayuda a Los Topos para sacar el resto de sus cosas de una casa, ya a punto del derrumbe. Junto a toda su familia duermen en el patio ante el temor de una réplica que rompa la estructura por completo.

En otra casa en el centro, totalmente derrumbada, una mujer avisa que ahí murió una señora que vivía sola, no alcanzó a salir. La profesora Arnulfa Pineda Paz está sentada en el portón de su casa con pocas pertenencias, su hogar, que se encuentra en la primera sección, está llena de grietas y cuarteaduras, su hijo entra y saca algunas pertenencias, mientras su madre le grita que no tarde, una réplica sería mortal. Es la casa de toda su vida, ahí también vivieron sus padres.

En la presidencia, el impacto del temblor es visible, todos miran con sorpresa hacia ella, señalan el reloj, y esperan a que les repartan zapatos que han quedado dispersos en las zapaterías, entre los portales bajo la presidencia, esto produce un jaloneo, pero inmediatamente todo vuelve a la calma hasta que otra caja de zapatos se pone a su disposición.

Al recorrer sus calles se siente un ritmo acelerado, quieren superar esta tragedia, pero a su alrededor quedan casas dañadas, a punto de derrumbarse. Todavía el tiempo transcurre lento. Hasta el más grande de sus edificios puede verse tambalear.

Los robos a las casas deshabitadas no se hicieron esperar, el riesgo permanece, y muchos han perdido su único patrimonio. La desesperación, y los balazos por la noche llegan a escucharse cerca de la estación de Bomberos, donde, junto a los Topos, está su punto de partida y llegada. Junto a ellos también los acompañan los estudiantes de la Facultad de Ingeniería Civil de la UMSNH, han venido a traer víveres, aportan apoyo en la evaluación de daños de las estructuras.