Morelia/Julieta Coria
No eran todos los periodistas, ni estaban todos los convocados, tan solo un par de docenas y un poco más, se congregaron en la plaza Melchor Ocampo ante la impunidad en el caso de Salvador Adame que ya cumple cien días y contra el repudio a la ola de violencia a comunicadores en el estado.
En el corazón de la ciudad de las canteras rosas, junto a la espectacular Catedral que con sus luces mostraba su excelsa belleza bajo un cielo despejado, con una luna a medio cielo, como testigo para los comunicadores reunidos en solidaridad.
Poco a poco al caer la tarde empezaron a llegar, dos, tres, diez hasta completar no más de 30 periodistas, que con velas en mano y vestidos de blanco empezaron a escribir sobre las calles por los caídos en la guerra de la impunidad, como lo es hoy el caso Salvador Adame.
La herida sigue abierta, el dolor y la injusticia continua uniendo periodistas en cada ciudad, en cada estado, en el país. “Somos pocos pero venimos con todo el apoyo y la solidaridad a la familia”, el rumor entre ellos.
Grandes letras pintadas de blanco con la leyenda #NIUNOMÁS 100 DÍAS SALVADOR se escribió en el suelo, junto a la catedral a la vista de los curiosos y sobre el firmamento que día a día caminan los morelianos.
El blanco de los periodistas contrastaba con la noche, a simple vista se reconocían, sus manos llenas de velas y veladores intentando retar al viento que soplaba intenso y no permitía que el fuego hiciera y reluciera flamante sobre las velas en la noche.
“Compañeros hemos sacado entrevistas debajo de la piedras y notas de dónde ni nos imaginábamos, que no podamos prender éstas velas” alguien amenizaba el momento, ante la ardua labor de encender un vela y que permanezca con el fuego vivo.
Los curiosos no dejaban de preguntar, de acercarse de mirar los rostros de tristeza, sobre todo de aquella mujer vestida totalmente de blanco, que de sus ojos, no paraban las lágrimas, el recuerdo estaba ahí con ella, el dolor no se va , su rostro de dolor y el grito desgarrador interno pidiendo justicia, justicia para Salvador; el hombre que amó…
La manifestación pacífica duró poco, cuando por fin el viento de detuvo por algunos momentos y permitió que las palabras se conjugarán al calor del fuego, periodistas se colocaron frente a las letras de fuego tomados de los brazos, expresaron sus sentir, su molestia, en sus rostros había dolor, había incertidumbre, pero coraje y unión.
Son pocos periodistas, son los valientes, los que de alguna forma levantan la voz y piden justicia ante la impunidad y agresiones al medio, quienes se juegan la vida por la verdad.
Los rostros cansados, las palabras listas en su mente para llevar la noticia, ya no ríen, la solidaridad a los caídos, y con el puño levantado al cielo, los periodistas michoacanos exigen justicia.
Y, al final desparecen en silencio para continuar como día a día, y mientras tanto la impunidad y el crimen acechan…





