“Al volar, nuestra identidad”

Fotografía: Enrique Castro

Zihuatanejo, Gro./Enrique Castro

El grupo de Voladores llega al hotel en su día de descanso para platicar sobre lo que hacen. Llegan poco antes de la hora marcada para acomodar sus cosas por si “se necesitan para la foto”. Son cinco y de todas las edades. Lucen ropa común, y no el traje típico. El más joven usa bermuda y tenis, algo normal en Ixtapa y sus 32º centígrados.

Bajo la sombre de una palmera, Gilberto García San Juan, de 40 años, es el primero en platicar, el lleva 28 años de volador y afirma que todos son originarios de Papantla, en Veracruz. “Yo voy a los 5 años de venir aquí a Ixtapa, pero van por delante los demás compañeros, por el trabajo siempre hemos estado aquí, en Ixtapa”.

A su derecha, una voz de experiencia se hace notar, “Yo llevo un aproximado de 11 años, solo descansamos dos mientras construían otro hotel; Soy  Castaño Pérez, tengo 68 años de edad”  y sobre el tiempo que lleva volando solo dice “ya tengo mucho tiempo en esto”.

Fotografía: Enrique Castro

Al mismo tiempo, habla sobre la herencia de este ritual “esto ya viene de herencia, simplemente el niño ya lo trae en la sangre; a los 5 años ya se le va inculcando y enseñando lo que tiene que hacer un volador”.

Castaño pasa la estafeta de la voz hacia su lado izquierdo, ahí está Ignacio Ricardo, de 26 años, quien ya lleva 12 años realizando la ceremonia ritual “esto  viene desde hace años, de generación en generación, esto es un valor grande, es algo que nos han dejado nuestros antepasados, algo muy sagrado que  se hacía para nuestros dioses y cosechas, la abundancia de la tierra, le daban mucho valor, para mí es algo sagrado y no es un juego, al volar se siente algo bonito, nuestra identidad y raíces”.

Fotografía: Enrique Castro

Al platicar, coincidencia o no, los voladores se pusieron por edad, de mayor a menor, así que a la izquierda de Ignacio, Rodrigo Romero, el más joven del grupo toma la palabra, “tengo 22 años, yo apenas llevo un mes y medio aquí en Ixtapa, me he sentido bien de representar la cultura y tradiciones, yo veo que la gente responde con respeto y seriedad, no lo toman a juego, le toman importancia al ritual de los voladores, yo vendría más veces”.

Al centro y hasta el momento en silencio, García Santos, de 74 años de edad, solo escuchaba, ahora le toca hablar “ya llevo ratito, empecé a los 13 años, ahora tengo 74 años, y todavía siento bien al volar, me siento orgulloso, esto nos gusta. Es un don de uno. Me gusta todavía, me llega al corazón hacerlo”. Sobre la pregunta expresa en relación a que si hay más o menos voladores en estos tiempos, solo responde que “mucha gente ya no vuela a la edad que yo tengo, a veces hay una enfermedad que hace que se acabe la fuerza”, lo comenta con mucha experiencia y su consejo para seguir haciendo los vuelos es “pues ponerse fuerte”.

Fotografía: Enrique Castro

Castaño vuelve a tomar la palabra “No hay un cálculo de vuelos anuales, dependiendo de los eventos y la temporada, esto es un ritual que se le hace al dios sol, pidiendo lluvia para la fertilización de la tierra, después hacemos la danza de las huahuas para agradecer”.

Sobre la logística de cómo trabajan tan lejos de su tierra, ya que los elementos se rotan, un día están unos y en otra temporada otros, eso sí, todos de la misma comunidad: “cada persona o elemento se queda 3 o 4 meses, tiene que regresar con la familia, por eso tenemos roles para estar completos aquí las 5 personas”. Es una forma de ayudar a toda la comunidad. En Papantla hay varios grupos, voladores somos como 500, hay muchos niños que están aprendiendo”.

Termina hablando sobre lo que se necesita para ser volador: “Lo que uno debe tener es valor para subir, como tener un equipo, aprender a hacer el amarre para ir uno asegurado. Hay que tener valor, eso es todo”.

Fotografía: Enrique Castro