El juego de las luminarias

Imagen: Enrique Castro

Enrique Castro/Acueducto On line

Desde la loma de Santa María, en la ahora zona conocida como Altozano, la ciudad se mira tranquila. No hay señales de lluvia aunque la temporada de está en su apogeo. El sol comienza a ocultarse y el alumbrado público comienza a encenderse.

Desde arriba se ven zonas negras: El bosque Cuauhtémoc, el Centro de Convenciones, Ciudad Universitaria, y en lo demás las luces hacen el papel de olas en el mar, pareciera que se mueven a un cierto ritmo. El cerro del Quinceo asoma una silueta en el cielo y Morelia se encuentra prendida en su casi totalidad. Insistentemente, desde arriba, la ciudad se ve tranquila.

Imagen: Enrique Castro

 

Ya en sus calles y avenidas, las luces son tenues, a veces amarillas a veces azul o blanca. La mayor parte de las calles grandes solo tienen postes de un solo lado. La calle está mitad iluminada, mitad lúgubre. En ciertos tramos las luminarias están encendidas con ciertos patrones: Dos si, una no. Las tiendas de conveniencia emanan más luz y colorean la calle. La luna llena le ayuda mucho a las viejas luminarias.

Eso sobre las avenidas, en las colonias la situación es diferente, hoyos negros a mitad de la calle, si ahí fallan dos lámparas la oscuridad es casi completa. En la colonia Morelos, donde está ubicado el Panteón Municipal, la situación es de película de terror; las luminarias se esconden en los arboles creando grandes «lunares». Alguien que pasa por la zona platica que «ya no me da miedo el panteón, sino los delincuentes que se esconden la oscuridad».

Imagen: Enrique Castro

La escasa intensidad de las luminarias provoca que los carros no perciban los baches y caigan en ellos. Desde el cerro del Quinceo, del otro lado, la ciudad luce igual de tranquila. Cuando la visión es general y no particular pareciera que a la ciudad no le faltan las casi 23 mil luminarias que están apagadas.