Enrique Castro/Troncones, La Unión, Gro..
Por la noche una tormenta eléctrica cae e ilumina la surfShop Mexcalli a la entrada de la playa de Troncones. «La Motita» cuida la tienda: una cachorra xoloitzcuintle blanco con negro. En Mexcalli se dan clases de surfeo y se rentan tablas, el lugar es de Beto y todo el mundo sabe quién es. Ganador de competencias y maestro de muchos, Beto camina con confianza por las calles de Troncones, a decir verdad, camina mejor en las olas que en la tierra. Él está fuera de su tienda y observa una imagen de un relámpago justo detrás: «está chida esa» haciendo referencia a la foto, se toma una cerveza, platica sobre la tormenta y el mar, ahí llega «pollo», otro surfista y se habla ahora sobre fotografía.
Proveniente de Zihuatanejo, Beto llegó a Troncones para hacer lo que más le gusta y apasiona, su vida es surfear, dar clases y el negocio. Su semblante es fuerte, pero el humor suave, se nota en las esporádicas frases que suelta y que logra carcajadas entre amigos.
Beto camina y saluda a Jeroen y Loes, una pareja de holandeses que se va a casar. la camioneta de él; una suburban «vintage» será parte del video que se graba para los novios, recorriendo los caminos de la zona, sus perros lo acompañan y platica sobre ellos; puro Xolo que va y viene sin problemas.
Un día después de la boda, acompaña a la pareja a la playa de la Majahua, cerca de Troncones para desayunar con Martha, un restaurante al pie de la playa. Después de comer mariscos y tomar un par de cervezas, la mirada de Beto se clava en las olas y observa a unos jóvenes que surfean. De un momento a otro se para y va rumbo a su camioneta, saca su tabla y con la pasión y paciencia del mundo dice «deja me meto». En tierra, todos sonrieron y claramente comprendieron que él iba a entrar para decirle a los chicos cómo » entrar a la ola», una especie de clase magistral.
Y así fue, entró y tomó la primera completamente, golpeando la parte trasera de la tabla y dando una especie de saltos la ola se convirtió en una extensión de él y su tabla. «Its a fucking god» (es un maldito dios) exclamó un extranjero que observaba. Iba y venía en las olas y los chavos le seguían el paso. Solo un rato y salió sin problemas, tal vez sin saber la enseñanza que había dado. Tranquilo, tomó agua y siguió en la plática, al final de la tarde, dos jóvenes con los que había surfeado salen y se toman una foto con él, al mismo tiempo posa para la cámara con su tabla haciendo un clásico ademan con su mano.





