Media Luna, una familia de inspiración

Foto: Enrique Castro

Morelia/Vianey J. Cervantes

Las instalaciones del Centro Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) eran frescas y a la vez, alegres, la sensación que existe es lo equivalente a entrar a un recinto religioso para un feligres, pero direccionado hacia el arte. Un policía sonriente invita a registrar tu nombre.

A las afueras del Salón 1, una chica de cabello corto y sonrisa larga está en la puerta, con una blanca blusa típica con bordados naranjas que combinan con sus aretes redondos, me invita a pasar a la sala, donde, una familia alegre y con una química sorprendente se encuentra ante los medios de comunicación.

Dos hijas sentadas al lado del padre, quien tiene la voz, narrando cómo fue que su familia lo influyó en la música. Su nombre es Leonel Mejía, es violinista y padre orgulloso. Narra que la música de la región Balsas le fue inculcada por su padre, aunque él no conoció la zona hasta los cincuenta años.

Esta familia llevaba la música en las venas, se les veía en la voz, en la mirada, en los ademanes, incluso en la sonrisa amplia, una característica de cada uno de ellos. Afirma que el grupo se formó «a sus espaldas», pues sus hijos decidieron juntarse sin decirle, una sorpresa. Afuera, el café decoraba el aire con su peculiar aroma, un plato con galletas cuidadosamente ordenadas de forma circular llamó mi atención, había decorado las galletas con aquellos pequeños chocolates que parecen cuarzos. Un detallito precioso.

La chica de afuera era la hija menor del grupo. Entre la prensa, el hijo José Irepan iba de aquí para allá tomando fotos, alegre pero más tímido que sus hermanas, quienes tomaron la voz a cada ocasión, con risas y confianza.

El grupo Media Luna lleva el nombre como si la sonrisa familiar fuera la inspiración. Las tres personas que los acompañaban en la mesa se sentían en confianza, con una actitud tranquila y sonrisas sinceras. Lo único que hubo en esta reunión fue alegría. Una de las hijas, quien vestía una blusa roja, sostenía en sus manos el disco, la creación familiar cuyo nombre le sentó de perlas: «Un solo canto».

Son 29 canciones, que se dividen en dos discos, pero la primera presentación es la de «Un solo canto». La alegría, la química y la curiosidad me aseguraron un sitio en el Teatro Melchor Ocampo, el miércoles 2 de agosto a las siete de la noche, pues con tanta energía y empatía, esta familia te invita sin hablar.

Terminó la rueda de prensa con risas de la familia que comenzó esto cuando la mayoría de los hijos eran adolescentes. Hoy, adultos jóvenes comprometidos con la música. Aunque resaltaron, este disco se conmemora porque cada quien va formando su camino, su vida. Por tanto, no se sabe hasta dónde podrá llegar la Media Luna…