Pátzcuaro/Enrique Castro
Una fría tarde de domingo fue testigo del último día del Cantoya Fest en Pátzcuaro, Michoacán. Las calles del ex Colegio Jesuita lucían llenas de gente y el patio lleno de globos y globeros.
La gente observa, entre aplausos y gritos, cómo se elevaban globos medianos y grandes que estaban en las categorías concursantes. En este festival, globeros michoacanos comparten técnicas con brasileños, franceses, colombianos y salvadoreños.

La hermandad es más que evidente entre los globeros, en los momentos de la elevación; todos se ayudan sin importar que no sea el dirigible de uno, del equipo.
En los alrededores, se hacían subir rápidamente pequeños globos caseros que se pudieron comercializar por un acuerdo entre comerciantes y autoridades.
Un gran globo de picos en forma de estrella, colores azul y verde comenzaba a inflarse, el equipo proveniente de la Meseta, poco a poco se armaba con el aire caliente del ventilador y después de un soplete.

El narrador decía que se habían demorado dos meses en poder hacerlo y hoy era el gran día, pero al colocar la mecha y debido al viento, un error logro que comenzara a encenderse.
Los del equipo intentan arrancar pliegos para que se cortara el fuego; fue demasiado tarde, en segundos ardió todo, los espectadores soltaron gritos de susto y tristeza al mismo tiempo.
El equipo desconsolado se abrazó y soltó un par de lágrimas, tal vez más; dos meses de esfuerzo desaparecieron en dos minutos. «Así es con estos globos», dice un observador ajeno.

Y es que el papel china, con el que son hechos los globos, resulta muy vulnerable, al mismo fuego que logra elevarlos. Con aplausos se despidieron.
Pronto, comenzó a caer la noche y un poco de lluvia, lo que retrasó las elevaciones.
El equipo de Paracho, «los changoleones», comenzó con sus globos, mientras que la» cereza en el pastel» del festival se preparaba.
Un globo de más de diez metros de altura y casi 1,300 veladores comenzaba a armarse. El quipo Nasa Río de Brasil era el encargado de tal obra.
Por su magnitud, todos los equipos y personas que deambulaban, por ahí, tuvieron que ayudar a colocar y prender el tapiz de veladoras que escondía una figura.

Al mismo tiempo un globo verde amarela comenzaba a inflarse, esté iba a levantar aquel tapiz. Los detalles cariocas sobresalen: El cristo Redentor, una guacamaya y soles de esos que solo en Ipanema se ven.
Después de una hora y media, las veladoras encendidas y todo listo. El globo se elevó y después el tapiz; una gran guacamaya caricaturizada con la palabra Brasil fue el cierre del festival.
La gente aplaudió y se mostró maravilladas por tal obra, y en el área de elevación el equipo se abrazaba y tomaba fotografías.

Luego de que el gran globo se perdiera en el firmamento «una lluvia de globos» llenó el cielo de Pátzcuaro; más de ciento cincuenta de pequeños fueron elevados al unísono por los que acudieron.
Eran las 23.30 horas, la retirada forzada, pero sin duda la lluvia y el viento, como sea, dieron la tregua necesaria para que una edición más del Cantoya Fest llegara a su fin.






