La justicia, ni ciega ni abandonada

ACG

Morelia/Vianey J. Cervantes

Periodistas por aquí y abogados por allá, meseros con mandiles color vino corrían de un lado a otro con olorosas cafeteras que dejaban el rastro tras de sí. Sobre las mesas, copas con fresas y un pequeño arreglo floral le daban vida a los tonos rojizos que lideraban el paisaje.

Cien, pocos más o pocos menos, de abogados se reunieron. Al fondo brillaba un panel blanco que con letras color magenta rezaba “Día del abogado”, el día de aquellos que le regresan la visión a la justicia y reintegran a unos lo que otros les han arrebatado: libertad, dignidad, valor…

Al frente, Adrián López Solís, secretario de Gobierno del estado, entregaba a cuatro universidades los reconocimientos por la enseñanza de la abogacía en sus planteles. La Universidad Latina de América, la Universidad La Salle, la Universidad Vasco de Quiroga y por supuesto, la facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH).

Cada director o representante pasaba sonriente por su reconocimiento, mientras las cámaras se amontonaban por la mejor captura.

Las personalidades del presídium se veían, algunas como es el caso de Bertha Paredes, delegada de PGR en Michoacán, con algo de sueño y quizás aburrimiento, mientras que otros, como el secretario de gobierno, Adrián López se veían sonrientes y gustosos, pero nadie tan feliz como los invitados cuando se dio por terminada la ceremonia y se dio paso al rico desayuno que ya les esperaba.

Sin embargo, los secretarios y funcionarios debieron esperar un poco más, pues, uno a uno, fueron abordados por los medios, que “no dejaron uno vivo”, siempre a la espera de una oportunidad.

El primero fue quien presidió la ceremonia, Adrián López Solís, que respondió de buen talante; seguido por el secretario de Seguridad Pública, Juan Bernardo Corona, quien tras el llamado de Mireles a ‘resurgir’ a las autodefensas y luego de que otro ciudadano le pidiera su renuncia por lo acontecido en Arantepacua en un Foro Internacional, no parecía muy propenso a las entrevistas.

La dio, aun así, con una sonrisa que se antojaba fingida y una diplomática manera de “desviar” preguntas.  A la derecha, a la izquierda, al frente e incluso en la puerta podías distinguir a los abogados con facilidad, todos los hombres con impecables trajes en una variedad de tonos de gris a negros y pesados relojes en sus muñecas; las mujeres, todas con sonrisas francas, mirada firme, zapatos altos y el cabello perfectamente peinado, cumpliendo con el cliché completo del abogado. Cabe destacar que esta celebración se realizó, extrañamente, de forma puntual.

Junto al escenario donde se encontraba el presídium, una banda tocaba suaves melodías que parecían agregarle soundtrack a las entrevistas, entre “The girl from Ipanema”, las respuestas y el aire casual tanto de reporteros como funcionarios, las palabras casi sonaban a comedia.

Poco a poco, los invitados abandonaban sus lugares, saludaban con sonrisas grandes y apretones fuertes a sus colegas. Bertha Paredes salió pisando fuerte, con un sujeto cargándole la bolsa tras de ella. Las fotos del recuerdo comenzaron, por organización y procedencia, la mayoría de los medios se habían retirado ya, y solo quedaban algunos cuantos desayunando o entrevistando.

Así, la sala se llenó de risas, de aquel orgullo que deja un trabajo reconocido, una labor premiada. Algunos acostumbrados a ello, otros más que no cabían en sí de la emoción. Un merecido reconocimiento a las y los michoacanos que dedicaron su vida a la lucha por la reintegración de cuatro valores básicos a una nación con un tejido social desmarañado: Respeto, equidad, igualdad y libertad; quizás, sobre todas, libertad…