El museo de los milagros

Imagen: Enrique Castro

Enrique Castro/acueductoonline,com

En la Catedral de San Juan de los Lagos, el flujo de peregrinos es constante durante todo el día. Misas comienzan y terminan, imágenes benditas, lágrimas y rodillas lastimadas. Este lugar es famoso por los “milagros” que la virgen hace a los peregrinos que la van a visitar y pedir favores.

En muchas partes del país los devotos hacen “mandas” por favores cumplidos o por cumplir. Sin embargo, el acto de fe que se ve en el pasillo central de la iglesia, cuando los devotos entran de rodillas hacia al altar, no es lo único que muestre el potencial que tiene el lugar.

Detrás del altar, unas escaleras lucen llenas de personas tratando de llegar a un gran cuarto, éste, frío y corto de iluminación, alberga en sus paredes una cantidad inmensa de objetos.

Ahí, los “milagritos” que hace la virgen son materializados en papel y letras, trenzas de cabello u objetos personales. La gente que agradece, coloca ahí una “prueba” de lo concedido.

Un gran número de bicicletas al pie de la escalera, dejadas por los ciclistas-peregrinos; sombreros de charro y guitarras en las alturas del cuarto; medallitas, cascos de motocicleta y un sinfín de objetos.

Los cuadros con imágenes de accidentes y personas lesionadas son las que más abundan, en sus descripciones agradecen el estar vivos y recuperados. Es tradición dejar una tranza de cabello (algunas personas realizan “mandas” para pedir algún favor, y en señal de compromiso se dejan crecer el cabello hasta que se cumpla lo que pidieron, después lo cortan y lo llevan para agradecer).

Este lugar, se convierte en un pequeño museo de la fe, cosas buenas y malas se leen en sus muros y cuadros; personas que estuvieron secuestradas y liberadas con vida dan las gracias por medio de dibujos elocuentes a su vivencia.

Una persona pide por la salud de un familiar, quien fue baleado por equivocación. Madres y esposas de militares piden que “los cuiden” o simplemente piden por su “eterno descanso”, ya que murieron en activo.

El sitio alberga los sentimientos que pueda tener un peregrino, es una forma de concluir su largo viaje.