Morelia/Enrique Castro
Como cada ocho días y desde las ocho de la mañana, ciudadanos, de todos los géneros y de todas las edades, acudieron a la cita en el corazón del centro histórico, en la Madero, desde la calle Quintana Roo hasta la avenida Ventura Puente, para recrearse no solo arriba de una bicicleta.
Son los días y las horas en que las céntricas calles se cierran para dar paso a la realización de la llamada ciclovía dominical, que ya lleva siete años de realización, el 21 de marzo pasado se cumplieron, convirtiéndose gradualmente en una tradición.
Los domingos es cuando la gente acude en sus bicicletas, triciclos, patines, o cualquier forma de transporte no motorizada al eje de la ciudad conocida también como la de las canteras rosas; y va, ya sea en familia o en grupos de amigos, incluso, en forma solitaria.
Principalmente, las familias buscan diversión y esparcimiento. Ahí, muchos niños han aprendido a andar en bicicleta, muchos padres se observan corriendo a un costado de las pequeñas bicis de sus vástagos, soltándolos hasta que estos no se caigan.
Jóvenes patinando, yendo y viniendo, muchos otros usan un carril para correr y llevar a sus perros (la regla es traer correa).
Ese programa lo lleva a cabo Bicivilizate AC, que desde hace diez años promueve el uso de esta forma de transporte. Frente a Catedral se encuentra la «base de operaciones»; toldos con varios servicios para los usuarios: préstamos de bicicletas, un taller voluntario, y paramédicos de la Cruz Roja.
Por cinco horas cada domingo, el centro de Morelia respira de los automóviles y del tráfico
vial y a su vez, su principal avenida se convierte en una «pista» que promueve el uso de la bicicleta como medio de transporte.








