Cherán/Héctor tenorio
Al llegar al municipio de Cherán lo que nos sorprende son los murales que se encuentran distribuidos en toda la ciudad con distintas formas y colores. Paralelamente, pero en forma menos ordenada, los grafitis se multiplican, la plaza de Cherán es una muestra de eso pues los pilares del quiosco están rayados por grafiteros.
Enrique Castro consideró volar el dron, y al hacerlo nos rodearon niños de diferentes edades, preguntan todo y no quieren perderse un detalle. Al final, se aventaron al suelo y posaron para una foto.
Me acerco a la señora Marisela Santiago, quien está con su hija y su nieta, le pido que me deje entrevistarla, ella aceptó y dijo: “Hay falta de empleos para los jóvenes y por eso se la pasan haciendo grafitis, porque no tienen espacios de esparcimiento”.
También me comentó que prevalece el miedo en Cherán por lo sucedido en Arantepacua, donde murieron cuatro comuneros en un enfrentamiento con la policía.
Caminamos unos quince pasos y entramos al edificio que alberga al Consejo Mayor, donde se encuentra una manta: “Nadie olvidará tus acciones, Silvano”. Adentro, hay un gran mural de Zapata y otra de las rondas comunitarias que en total son 80.
Nos recibe en las oficinas del Consejo Mayor Pedro Chávez Sánchez, quien es uno de sus integrantes. A lo largo de la entrevista, sostuvo una crítica a la globalización y a los efectos nocivos que ésta causa. También exigió respecto a la forma de autogobernarse a través de los usos y costumbres.
Más tarde comemos en los tacos, en el puesto de doña Martha Robles quien nos cuenta que paga 10 pesos al día por el permiso de vender: “Los locales que están establecidos pagan más al mes». Desde su punto de vista, lo que es necesario es generar más empleos para mujeres en Cherán, las cuales fueron quienes iniciaron y encabezaron la rebelión contra los talamontes, en aquel lejano 15 de abril del 2011.
A pesar del pesimismo que prevalece en la comunidad por la falta de liquidez económica, en el Consejo Mayor le apuestan a la purificadora que abrió hace dos semanas, cuenta con un catador pluvial único en América Latina, nos deja pasar a conocer las instalaciones.
Pedro Tapia Fabián es quien se encarga de llenar 100 garrafones por día.
“Ahorita nos va bien, prestamos los garrafones, el costo es de 10 de pesos y cuando compran más de tres los damos a ocho pesos”.
Mucho más activo se encuentra el vivero comunal “San Francisco”, son las dos de la tarde y más de veinte cuidadores le cantan y los tratan «como bebes» al 1 millón 600 de pinos que albergan.
“Nosotros los vendemos a cinco pesos o los donamos a la comunidad”. Me explicó que el mes pasado llovió tan fuerte que se cayeron las lonas, “los trabajadores que estaban en la guardia reaccionaron rápido y evitaron una perdida mayúscula”.
El turismo revolucionario va a la alza, los visitantes aparecen de la nada y vienen de distintos punto de la República. Uno se puede encontrar a una pareja de novios que vienen de Monterrey o en la carretera ver a unos estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quienes se suben al coche e intercambian puntos de vista de los seis años que lleva el Consejo Mayor en el poder. El cielo se nubla y es hora de regresar.








