Crónica. “Carnitas, sol y mezcal”

Imagen: Enrique Castro

Morelia/Vianey J. Cervantes

Carnitas de Huandacareo, Quiroga, Álvaro Obregón, Morelia; chicharrón, patitas en vinagre, salchichón uruguayo, guacamole, postres y pan relleno de delicioso chocolate, mezcal blanco, cerveza artesanal, tequila, destilados y hasta puros, son al menos algunos de los muchos productos que puedes encontrar en la Feria de las Carnitas, en su segunda edición en Morelia.

Imagen: Vianey Cervantes

Contrario a la tragedia del año anterior, este domingo no faltaron carnitas.

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Cada puesto estaba abarrotado, con largas filas. Al menos dos mil personas iban y venían, muchos haciendo malabares entre el taco de carnitas, la cerveza y los hijos pequeños.

Al llegar al Orquidario de Morelia y pagar la entrada de veinte pesos – donde te daban un boleto para la rifa de un viaje a la playa- llegabas a la gran explanada que es sede para Ferias medievales, Ferias de la Orquídea y en esta ocasión, la feria de las carnitas.

Los primeros puestos eran de artesanías, lámparas y portarretratos hechos de semillas, zapatos de bebé tejidas a mano, ingeniosos marcos de madera, pulseras, libretas, collares que iban desde una galleta con chispas de chocolate hasta algunos que asemejaban el arte huichol; chile de árbol, mostazas, salsas artesanales y miel de abeja que podías probar en los pasillos, donde niños o jóvenes te ofrecían tu “probadita” para convencerte.

Antonio Soto, quien inauguró la Feria, probaba “La flor del mezcal”,

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mientras alegremente le daba la bienvenida a mi compañero Héctor, y se alarmaba por el vasito “medio lleno” que le entregó la señorita (“oye, pero no me sirvas tanto, ¿cómo crees?”).

Hasta el fondo se escuchaba un cuarteto que tocaba música michoacana y alegraba la comida para los afortunados que alcanzaron mesa bajo el enorme toldo blanco. Una pequeña zona con el letrero “niñeras.com” resguardaba entre colores a los pequeños, supervisados por mujeres con batas blancas y sonrisas grandes.

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Había tantos puestos que uno no sabía por dónde empezar, aunque los precios se mantenían fijos (a $15 el taco y a $200 el kilo), los morelianos siempre buscaban las mejores carnitas. Con la recomendación de la compañera Marifer, nos acercamos a las carnitas de Huandacareo, donde, después de escuchar que eran lechoncitos de 8 meses no logré probar bocado y me fui al puesto de enfrente, después de beber una muy oscura y refrescante cerveza artesanal.

Imagen: Vianey Cervantes

Algunos periodistas pasaban por los puestos y se comían su taquito antes de continuar el camino. Algunos debatiéndose entre comer o no comer, pues al ver los cazos llenos de carne uno no podía olvidar cómo era el proceso de creación de este platillo tradicional. Los pasillos al salir los rodeaban puestos de plantas carnívoras y cactus, desde grandes hasta macetitas de diez pesos.

El viento comenzó a soplar fuerte, el cielo sin nubes cubría a los morelianos mientras al fondo sonaba “Caminos de Michoacán”. Eran las 3 de la tarde y la Feria resultó un atino por parte del gobierno, de los organizadores y de los morelianos, porque las ferias en domingo con guardería, sol, comida, mezcal, chilitos en vinagre y tortillitas de comal siempre serán una buena idea.

Imagen: Vianey Cervantes