Morelia/ Héctor Tenorio
Beatriz Mojica Morga, secretaria General del Partido de la Revolución Democrática (PRD), acaparó todas miradas de las mujeres que se dieron cita en el en encuentro de las mujeres de izquierda de cara al proceso del 2018. Los meseros no se daban abasto en servir los desayunos. La perredista rompió el protocolo de dar su posicionamiento político desde el presídium. Se bajó con micrófono en mano y empezó a dar una especie de conferencia motivacional. Los aplausos no se hicieron esperar. Ella empezó a improvisar de una manera brillante y elaboró un discurso de género: “Hoy estamos aquí porque estamos celebrado que hace unos días fue el día Internacional de la Mujer. Es un día de lucha, de reivindicación.
Le pregunto a las presentes: ¿Cuántas de ustedes han sido acosadas en la calle?”
Todas las mujeres dejaron de desayunar y levantaron las manos.
La perredista afirmó que eso debe cambiar, reprobó que siete mujeres sean asesinadas todos los días. El público se quedó helado, fue el único momento donde ningún ruido se escuchó.
Entonces la perredista explicó que cuando era secretaria de Desarrollo de Guerrero, tenía que ir a diversas reuniones: “Cuando el auditorio era en su mayoría hombres, lo que me pedían era que arregláramos el Palacio Municipal y la Plaza de Jaripeo. En cambio, cuando la mayoría de los presentes eran mujeres, lo que querían era mejoras a las escuelas y a los hospitales”.
Mojica Morga deja de caminar entre las mesas para explicar que la mayoría de las mujeres llevan a sus hijos a la escuela, y por lo mismo saben de las necesidades de estos centros educativos. De igual manera, dijo que las mujeres son la que cuidan a la suegra cuando se enferma y tienen que quedarse en el hospital.
El público estaba cautivado, cabe destacar que su composición era muy diversa, en especial todo lo que se refiere a las edades, había una niña de 8 años, hasta señoras de la tercera edad. Eso sí, todas estaba vestidas con sus mejores galas, el buen humor prevalecía en cada una de las mesas.
La secretaria General del PRD prosiguió, y relató que cuando la propusieron como candidata a la gubernatura, la empezaron a criticar desde el Partido Revolucionario Institucional (PRI), “decían que no tenía huev…”. Añadió que también fue descalificada por ser muy pequeña de estatura.
Lo curioso es que, hasta que lo menciona me doy cuenta de su baja estatura. Ella prosiguió y dijo que esos comentarios negativos lo único que provocaron es que quisiera ser candidata a la gubernatura, como así sucedió.
Desde el presídium, Priscila López Mejía aplaudía, igual que Tere Valencia, mientras la secretaria de Perspectiva de Género del Comité Ejecutivo Estatal del PRD, Verónica Naranjo, era más mesurada, incluso se le veía cansada. En cambio, al otro extremo del presídium estaban dos ex funcionarios: de un lado Juan Carlos Barragán y del otro Efraín García, ambos no perdían detalle de lo que decía la dirigente, quien generaba respeto. Incluso los meseros escuchaban muy atentos lo que decía.
Comentó que es muy importante que las mujeres vayan alcanzando el mayor número de puestos, pero advirtió sobre los peligros del poder, “que no las pierda el cargo”. Consideró que la política es un instrumento para trasformar a la sociedad y no para beneficiarse.
Descartó que el PRD haya defendido siempre a las mujeres. Quizá fue el momento más tenso cuando mencionó que los perredistas defienden el derecho al aborto y los matrimonios entre igualitarios, la legalización de las drogas. Ahí de nuevo hubo silencio.
Después de eso, comentó sobre el apoyo que ha dado el gobernador Silvano Aureoles a la Secretaría de la Mujer en la entidad, “no ha dudado en defender a las mujeres, qué bueno que lo haga”. Concluyó su discurso diciendo que quiere ser senadora, se escuchó un sonoro aplauso, ella, emocionada, gritó “¡Vivan las mujeres!”, todas las féminas gritaron igual, la secretaria gritó “¡Viva Michoacán!”, entonces hasta los meseros se emocionaron. Al subir al presídium Efraín García la abrazó, todos querían felicitarla.
Al final se pidió a las presentes que se tomaran la foto del recuerdo y sin pensarlo, señoras, señoritas, viudas, casadas y separas corrieron al estrado. Como pudieron se acomodaron, Efraín García cargó a su nieta de ocho años, y Juan Carlos Barragán recibió muchos besos en la mejilla de la señoras que no desaprovecharon la oportunidad de tenerlo a su merced. Poco a poco se fue disolviendo la reunión, pero el aroma de mujer quedó en el ambiente.





