Cuitzeo, donde el silencio emerge

Imagen: Enrique Castro

Cuitzeo/Enrique Castro Sánchez

El espejo de agua del segundo lago más grande de México, ahora solo es un escaso reflejo de lo que fue; un desierto o un paisaje marciano sería su mejor descripción, ya que desde hace aproximadamente 5 años comenzó un proceso de desaparición en gran parte de su superficie.

Este lago que está segmentado en 3 partes por dos carreteras, sufre una terrible sequía en su parte que colinda con los municipios de Huandacareo y Copándaro. Huellas de llantas de automóviles en lo que a priori era el centro del lago, muestran el suelo duro, y ya.

Un lugar donde el silencio reina y solo un silbido del viento se hace notar. Tierra y lanchas sobre ella muestran una situación de posible alarma, ya que el cuerpo de agua que se alimenta de manera pluvial no muestra signos de recuperación alguna.

Y por si esto no fuera poco, los vientos del llamado “febrero loco” provocan tolvaneras de cientos de metros de altura que inunda las comunidades colindantes con lo que los habitantes llaman salitre.

Este, el salitre, se logra colar a todas y por todas partes; pareciera bruma, pero no lo es; pareciera Londres (para algunos) pero no lo es, se trata de una emergencia ecológica y sanitaria, según los pobladores del lugar.

Son los lugareños quienes ahora usan tapabocas y se sienten abandonados. Pocos saben qué hacer, nunca se había presentado un paisaje digno de otro planeta en lo que antes era un espejo que reflejaba el azul del cielo con gran gallardía.