Morelia/Julieta Coria
El jardín del Orquidiarío del Centro de Convenciones se llenó de deliciosos aromas. En cada rincón se refugiaba el olor de los guisos que estaban en proceso de elaboración. Desde afuera se veía salir el humo de los fogones y de cerca se sentía el calor del fuego.
En el lugar, paseaban los visitantes con platos en mano, limpiándose residuos de comida de las comisuras de los labios. Hay poca gente, lo bueno está por llegar.
Al Encuentro de Cocineras Tradicionales de Michoacán, llegó el gobernador Silvano Aureoles, que de inmediato amenazó “que le entraría a todo” ante decenas de cocineras mayoritariamente purépechas, que con su típica vestimenta ofrecían a exigentes paladares sus originales y exquisitos platillos regionales.
Largas filas de mesas y sillas acomodadas albergaban a una innumerable cantidad de comensales que degustaban uno y otro platillo de cada región del estado. La fiesta del buen comer, para algunos la oportunidad de desatar la gula.
Por un lado estaban los que querían probar las corundas recién preparadas con el toque de las cocineras de Santa Fe de la Laguna. Al otro extremo, se aglomeraban para probar el otro extremo culinario, las tiritas de pescado hechas por las cocineras de Playa Azul, los camarones de la Costa michoacana. No podían faltar.
Morelianos y visitantes nacionales o extranjeros; la mayoria, plato en mano, buscaban entre los guisos ofertados, algo que les despertara aún más el apetito.
Corundas, papas con rajas, caldo de camarón, pescado blanco, mole, charales, agua de jamaica, tamales, todo se mezcló en un solo lugar, y ese lugar atrajo a quien quiso probar algo distinto a lo que se encuentran comúnmente en la capital del estado.
También se instalaron puestos de cerveza artesanal y de mezcal, hechos, elaborados en el estado. Más de uno llegó a probar y, ocasionalmente, llevarse algo para consumo fuera del lugar.
Sin duda, resulta otro mundo, un mundo extraordinario observar a simple vista aquellas cazuelas de barro sobre aquellos fogones de piedra, conformar hervores que anuncian una de las mejores aventuras del paladar.
De fondo la música regional michoacana amenizaba un ambiente colorido que tenía divertidos y distraídos a los niños. La comida michoacana fue el pretexto, la protagonista en fin de semana.





