Morelia/Julieta Coria
Los ojos rasgados ligeramente, la mirada fría, firme y un tanto tímida, un frondoso bigote que sobresale el labio inferior, y un compromiso por mantener un vigente, a 105 años de que se promulgara, los principios que dieron forma el levantamiento en armas de Emiliano Zapata y al Plan de Ayala.
Este es el legado que Edgar Castro Zapata lleva en la sangre a 97 años que «El caudillo del Sur» fuera -como lamenta el corrido- “asesinado a mansalva” un 10 de abril de 1919 en Chinameca.
«Ser familiar es un orgullo» pero también una responsabilidad histórica y un compromiso social», aseguraba el bisnieto quien viste un impecable traje gris, de corbata y zapatos limpios, impecables.
Las palabras del historiador y presidente de la Fundación «Zapata» suenan contundentes en el auditorio donde, entre estudiantes, seguidores y un cielo completamente abierto al intenso sol que cae a plomo sobre Morelia, en donde se relata la vida familiar de El Caudillo del Sur.
“Zapata –dijo mientras observa los papeles que guarda bajo el brazo, sobre la vida de su bisabuelo – significó mucho para mexicanos porque él encabezó una lucha armada en beneficio de los pueblos. Sin embargo –su tono de voz se torna ahora sombrío, apesadumbrado-, lo que me impacta como historiador es saber qué hace cien años hubo un despertar de los pueblos de Morelos en el llamado de la Revolución mexicana, y que hoy esos triunfos no están palpables…”.
Tras la sentencia, el breve silencio.
Edgar lanza una mirada con detenimiento a los jóvenes y, «No queremos Revolución, queremos Evolución…». Dice a un grupo de estudiantes que están más inmersos en las pláticas virtuales que en las palabras del familiar del General.
«Vámonos a las cañas mejor» dice una joven, robusta, que no ha parado de jugar en su celular.
Mientras los futuros abogados se distraían en sus pláticas, Edgar lamentó que los logros obtenidos por Zapata en temas como el campo, “hoy se encuentren totalmente olvidados, para desgracia de quienes viven de la cosecha. Tenemos que recuperar el legado ideológico que el General nos dejó”.
Enseguida explica entrelazando los dedos de las manos, cómo decide heredar en 2007 la Fundación Zapata que presidió su abuelo Mateo Zapata durante treinta años, para llevar a cabo la difusión cultural del zapatismo a través de libros y documentales, así como para gestionar por medio del Instituto Pro Veteranos de la Revolución del Sur –del que también es director- pensiones hacia los hijos y nietos de zapatistas que viven en la pobreza.
Durante una veinte minutos, el historiador relató la otra historia de Zapata «La vida personal de Emiliano Zapata Zalazar, es poco conocida” decía, ante un grupo de espectadores intrigados, por saber sobre los hijos perdidos de su bisabuelo, de los que se conocen apenas 15.
“Se conoce sí, su desempeño dentro del movimiento de la Revolución Mexicana y sus hazañas, hasta su asesinato en 1919…pero poco se sabe con exactitud su vida familiar”.
Dijo que su muerte dio pie además al mito de la falsedad de su asesinato. “Pese a que hubo evidencias, fotos y vídeos de que recibió 7 impactos de bala en la espalda mucha gente aseguró que el hombre mostrado no era el verdadero Emiliano Zapata”.
Tras su discurso, y ya con un tono más que apresurado cerró citando uno de los más emblemáticos discursos de su abuelo Emiliano Mateo, para exigir justicia al campo mexicano, citó “no dejen morir a zapata a nuestros compañeros campesinos les decimos no lo maten con la indiferencia manténganse en la lucha defienden sus derechos conquisten sus legítimas aspiraciones…”
Continuaba el discurso… mientras las jóvenes desesperados por que terminará, no hacían más que mostrar indiferencia, ante el último de los Zapata.





