Morelia/Hugo Villegas-Santibáñez
Cuenta una fábula china que “un hombre perdió su hacha; y sospechó del hijo de su vecino. Observó la manera de caminar del muchacho –exactamente como un ladrón. Observó la expresión del joven –idéntica a la de un ladrón. Observó su forma de hablar –igual a la de un ladrón. En fin, todos sus gestos y acciones lo denunciaban culpable de hurto”.
Más tarde, encontró su hacha. “Cuando volvió a ver al hijo de su vecino, todos los gestos y acciones del muchacho le parecían muy diferentes de los de un ladrón”. La ambición política y la maldad del candidato a la Presidencia de los Estados Unidos Donald J. Trump lo hacen ver a los migrantes hispanos –en particular los mexicanos- como los malos, causantes de la infelicidad y de los problemas de los estadounidenses.
Debemos recordarle al candidato del Partido Republicano que la migración no es un fenómeno reciente. En 1848, el Tratado de Guadalupe Hidalgo permitió a los norteamericanos el despojo de la mitad del territorio mexicano y a 80 mil connacionales los cruzó la frontera al permanecer en la nueva área adjudicada.
A partir de entonces, el desarrollo económico en el vecino del norte convirtió a México en proveedor de mano de obra barata a la que acogía con las puertas abiertas. En 1910, había aproximadamente 300 mil mexicanos por nacimiento viviendo en la Unión Americana. Dos décadas después, en 1930 alcanzaban un millón y medio, de los cuales 570 mil habían nacido en territorio americano.
El flujo migratorio legal e indocumentado siguió incrementándose con la Segunda Guerra Mundial y con la firma del Programa Bracero que se extendió hasta 1964. Hacia 1980, los hispanos ya representaban 6.5% de la población total en la Unión Americana con 14.8 millones. Y para el año 2014 estaban residiendo 55.3 millones de hispanos de estos 64% de origen mexicano, de acuerdo con datos de Pew Research Center.
En este breve contexto histórico de la migración mexicana, el magnate Trump propone, si gana la presidencia, construir un muro en la frontera sur –que además pagaría México-, plantea deportar 11 millones de indocumentados y terminar con la ciudadanía por nacimiento. Pretende borrar la historia de los Estados Unidos olvidando que es un país de migrantes, que estos han contribuido con trabajo duro, en los campos agrícolas, en la construcción, en la industria, que han aportado a la cultura de ese país.
La retórica antiinmigrante ya había sido empleada en otros momentos electorales principalmente por los conservadores republicanos. Sin embargo, el crecimiento vertiginoso de los hispanos en algún momento tendrá un costo político. En las elecciones de 2014 la preferencia de este grupo por el Partido Demócrata fue de 62%, lo que nos muestra la posible tendencia en las próximas contiendas electorales.
La oficina del Censo de los Estados Unidos proyecta que para el 2043 la Unión Americana será un país donde las minorías serán mayoría. Es decir la población blanca no hispana dejará de ser el grupo hegemónico y las poblaciones de hispanos, negros y asiáticos conformarán la mayoría. Asimismo, se proyecta que para el 2060 habrá 128.8 millones de hispanos, uno de cada tres habitantes pertenecerá a esta comunidad.
Las consecuencias del desprecio y las injurias del candidato republicano se pueden ver reflejadas el próximo 8 de noviembre. Si esto sucede, en un futuro no muy lejano los miembros de ese partido tendrán que repensar su discurso antinmigrante. La aparente obsesión y la nostalgia de Donald J. Trump por recuperar una nación de blancos cada día se ve más lejana. Tendrá que aceptar que ¡los migrantes no robaron el hacha!





