Morelia, Michoacán | ACG.- Hay imágenes religiosas que destacan por su belleza, otras por los siglos que han sobrevivido y algunas por la historia que las acompaña. El Santo Niño Cieguito pertenece a esta última categoría: una representación del Niño Jesús cuya ausencia de ojos rompe con la imagen tradicional y abre paso a una de las devociones más singulares del catolicismo popular.
En Michoacán, una representación de esta advocación se encuentra en el nuevo Mercado Municipal de Pátzcuaro, donde permanece entre puestos, dulces, juguetes y ofrendas que los creyentes colocan a sus pies.

Su presencia llama la atención por una característica poco común: un rostro sin ojos que, lejos de ser solamente un detalle físico, está ligado a un relato que ha sobrevivido durante casi tres siglos.
La historia del Santo Niño Cieguito se remonta al siglo XVIII y conecta a la antigua Valladolid —hoy Morelia— con la ciudad de Puebla.

La tradición señala que en el convento de Nuestra Señora de la Merced, en Valladolid, se veneraba una imagen del Niño Jesús cuyos ojos verdes eran considerados de gran belleza, al grado de que algunos relatos los comparaban con esmeraldas.
El 10 de agosto de 1744 ocurrió, según la narración religiosa, un intento de robo. Un hombre habría intentado apoderarse de los ojos de la imagen al creer que se trataba de piedras preciosas y, durante el ataque, habría utilizado un objeto punzante para arrancarlos.

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La misma tradición cuenta que la figura derramó lágrimas de sangre durante aquel episodio, un hecho que convirtió a la imagen en objeto de veneración entre los fieles.
Después del acontecimiento, el relato señala que la imagen fue recuperada y posteriormente enviada a Puebla, donde quedó bajo el resguardo de las religiosas capuchinas del convento de San Joaquín y Santa Ana, lugar donde comenzó a ser conocida como el Santo Niño Cieguito.

Con el paso del tiempo, la ausencia de sus ojos se convirtió en el elemento que distingue esta advocación y en el símbolo de una historia transmitida entre generaciones dentro de la tradición católica.
Actualmente, la imagen original permanece en el templo de las Capuchinas, en el Centro Histórico de Puebla, donde cada 10 de agosto los creyentes acuden para venerarla y pedir su intercesión.

En Pátzcuaro, una representación de esta figura mantiene viva esa tradición lejos de los grandes templos. Entre la actividad diaria del mercado y el paso de habitantes y visitantes, el Santo Niño Cieguito continúa generando preguntas sobre su origen y sobre la memoria religiosa que conserva.
Una imagen nacida en la antigua Valladolid, trasladada por la tradición hasta Puebla y presente también en Michoacán. Una figura cuya particular apariencia recuerda que, detrás de cada representación religiosa, existe una historia que mezcla fe, memoria y cultura popular.


