Pátzcuaro, Mich. | Agencia ACG Noticiass.- Antes de que sus platillos llegaran a las mesas de visitantes de distintas partes del mundo, Victoria González Chávez fue una niña que pasaba las tardes alrededor de una chimenea, entre frijoles, habas y lentejas que su madre ponía frente a ella y sus hermanos para mantenerlos cerca de la cocina y lejos de las calles.
En aquel espacio, entre los aromas de la comida y las enseñanzas de su madre, comenzó una historia que años después la convertiría en maestra cocinera tradicional de Tierra Caliente, orgullosamente originaria de Apatzingán.

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Tenía apenas siete años cuando recibió su primera encomienda: preparar un chile relleno para su mamá. Recuerda que estaba emocionada por cocinar uno de sus platillos favoritos, pero aquella primera experiencia no salió como esperaba. Después de rellenarlo y capearlo, lo llevó a la manteca caliente, pero el huevo se deshizo por completo. Había olvidado un ingrediente fundamental: la harina de trigo que utilizaban para preparar el capeado.
Más allá del pequeño tropiezo, aquel recuerdo permanece entre los más queridos de su infancia, especialmente porque fue su madre quien le enseñó los primeros secretos de la cocina y a quien sigue admirando.

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Victoria recuerda también que su mamá era una cocinera muy apreciada en su familia, tanto que el general Lázaro Cárdenas acudía a disfrutar de sus preparaciones cuando visitaba a sus familiares en la región. Entre aquellos sabores estaban el sórico, los frijoles chinitos, el aporreadillo y las huilotas en salsa verde.
De esa misma historia familiar también conserva la tradición del agua de pimpinela, una bebida que sus tíos preparaban con agua de coco y hierbabuena, a petición del general, y que con el tiempo comenzó a ser conocida y consumida por otras personas.
Con los años, Victoria convirtió aquellas enseñanzas en su forma de vida. Comenzó con una pequeña fonda de apenas cuatro mesas de Coca-Cola, después pasó a un local con capacidad para ocho mesas y poco a poco fue ampliando su espacio hasta recibir alrededor de 70 comensales.

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Su camino tomó otro rumbo cuando comenzó a participar en encuentros de cocineras tradicionales y recibió el nombramiento de maestra cocinera. Desde entonces asumió el compromiso de compartir la gastronomía de Tierra Caliente más allá de Michoacán.
Eligió Pátzcuaro como uno de los espacios para continuar ese camino, especialmente durante la Noche de Ánimas, cuando visitantes nacionales y extranjeros llegan a conocer las tradiciones de la región. Aunque recibió invitaciones para instalarse en destinos como Cancún, Xcaret y San Miguel de Allende, decidió permanecer cerca de su tierra y aprovechar el encuentro de culturas que representa esta celebración.
Desde su restaurante La Tradición, El Verdadero Sabor de Apatzingán, ubicado en el hotel Posada de la Basílica, frente a la Basílica de Nuestra Señora de la Salud, ha recibido comensales de Inglaterra, Bélgica, Alemania, Japón, Panamá, Perú y otros países.

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Entre sus recuerdos recientes está la visita de un grupo de 40 personas procedentes de distintos lugares del mundo, así como la llegada de 20 visitantes chilenos que, aunque inicialmente le dijeron que no acostumbraban comer chile, terminaron probando sus platillos y descubriendo que su sabor era diferente al que conocían.
Su cocina también la ha llevado a participar en encuentros gastronómicos internacionales en España, Italia, Los Ángeles, Colombia y Brasil.
Así, aquella niña que alguna vez vio deshacerse el capeado de su primer chile relleno encontró en las enseñanzas de su madre un camino que la llevaría mucho más lejos de lo que imaginaba. Hoy, entre los recuerdos de su familia, los sabores de Tierra Caliente y las mesas de visitantes de distintas nacionalidades, Victoria continúa compartiendo una tradición que comenzó alrededor de una chimenea en Apatzingán.



