Morelia, Michoacán | ACG.– José Alfredo Pérez Villegas no buscaba convertirse en fotógrafo. Era albañil cuando una compra inesperada cambió el rumbo de su vida: una cámara Polaroid que una vendedora de una tienda fotográfica le mostró y que terminó llevándolo a un oficio que ha mantenido durante más de 40 años.
“Este oficio lo aprendí por equivocación”, cuenta Alfredo, quien hoy tiene 66 años y continúa trabajando con sus tradicionales caballitos y fotollaveros en las calles de Morelia.
Sin antecedentes familiares en la fotografía, comenzó a aprender mediante la práctica y la observación. Fue un proceso de ensayo y error al que después sumó consejos de otros fotógrafos y cursos que le permitieron perfeccionar su técnica.
Con el paso del tiempo encontró una especialidad en los caballitos fotográficos, una actividad que se convirtió en parte de la identidad de las plazas, ferias y celebraciones populares de la ciudad.

La llegada de la fotografía digital representó otro reto. Alfredo tuvo que dejar atrás los procesos de película y adaptarse a nuevas herramientas que, en un principio, le resultaron complicadas.
“Era un pleito enorme”, recuerda sobre la transición hacia las cámaras digitales. Sin embargo, aprendió a utilizarlas y mantuvo vivo un oficio que ya comenzaba a cambiar.
Un oficio que resiste al paso del tiempo
Alfredo ha visto desaparecer a varios compañeros que compartían esta actividad. Recuerda que cuando la feria se instalaba en la zona del Tecnológico coincidía con otros fotógrafos dedicados al fotollavero, pero con los años algunos fallecieron y otros dejaron el oficio por la edad. “Sigo aquí, sigo peleando”, afirma.
Reconoce que los teléfonos celulares redujeron el trabajo de los fotógrafos tradicionales, pero encontró una forma de mantenerse vigente a través de los recuerdos impresos en pequeños llaveros. “Sigo subsistiendo con mi llavero”, explica.

Además de los caballitos, realiza fotografía social y cubre eventos como graduaciones. Para instalarse con su equipo aprovecha principalmente celebraciones religiosas y fechas especiales como las fiestas patrias.
Busca más espacios para trabajar
Aunque mantiene su pasión por la fotografía, Alfredo señala que una de sus principales dificultades es conseguir permisos para instalarse con mayor frecuencia durante el año.
“Me gustaría trabajar fines de semana o fiestas que pudiese trabajar yo, pero no podemos conseguir ese permiso”, comenta.
Su intención es contar con más oportunidades para ofrecer su trabajo sin depender únicamente de temporadas específicas.

También piensa en el futuro del oficio. Le preocupa quién continuará con una tradición que ha sostenido durante décadas, pues sus hijos eligieron dedicarse a la albañilería y sus nietos prefieren actividades deportivas durante los fines de semana.
Él, sin embargo, no duda sobre el camino que volvería a tomar. “Aquí estoy a gusto con mi trabajo”, dice mientras mantiene una tradición que nació por accidente y terminó convirtiéndose en su forma de vida.



