Editorial | Michoacán: Cuando la matemática de las encuestas tritura los mitos políticos

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La publicación de los resultados oficiales de Morena desmitifica las narrativas de pasillo y redefine el equilibrio de fuerzas en el estado

Editorial | Michoacán: Cuando la matemática de las encuestas tritura los mitos políticos

Luego de que el Comité Ejecutivo Nacional y la Comisión Nacional de Elecciones de Morena definieran por encuesta las 17 Coordinaciones Estatales en Defensa de la Cuarta Transformación, se desató una ola de cuestionamientos hacia los resultados, impulsada principalmente por los actores que no resultaron favorecidos por el ejercicio demoscópico. Ante este escenario, la propia presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, sugirió en su conferencia matutina que el partido hiciera públicos los resultados.

Días después, Ariadna Montiel y Citlalli Fernández, de la dirigencia nacional guinda, procedieron a la difusión de los datos con la clara intención de serenar los ánimos militantes y ganar tiempo para agilizar la llamada «operación cicatriz». Aunque en varias entidades la publicación de las cifras profundizó las diferencias, en estados como Michoacán terminó por despejar el terreno político.

A continuación, se analiza el porqué: el principio de máxima publicidad aplicado a los resultados sirvió para ratificar técnicamente una decisión política.

1.- El perfil más competitivo, con mayor balance de opiniones positivas y menores negativos, fue el del exfiscal Carlos Torres Piña. Su estrategia evitó las guerras de desgaste; en su lugar, apostó por un trabajo territorial vertiginoso respaldado por una estructura propia y probada a lo largo de los años. Al no requerir el «préstamo» de estructuras externas, mantuvo solvencia territorial, evitó sumar a personajes cuestionados o con desgaste político, y no recurrió a la conformación de bloques.

Este diseño estratégico resultó atractivo para el electorado encuestado. Asimismo, su paso breve pero eficiente por la Fiscalía General del Estado operó a su favor, ya que logró resolver —en coordinación con las áreas de seguridad del Gobierno de México— diversos casos focalizados de delincuencia organizada. A este diseño se suman factores clave como su juventud, disciplina y un discurso de unidad sumamente cuidado, marcando un fuerte contraste con la vieja guardia.

2.- En el caso del senador Raúl Morón Orozco, líder histórico de la izquierda michoacana y político de trayectoria honesta, el resultado reflejó una falta de acoplamiento a los nuevos tiempos políticos. Su equipo cercano de estrategia y comunicación no logró articular una narrativa innovadora, encapsulándolo desde el inicio en premisas conceptuales rígidas como: «se la deben», «es el favorito de la Presidenta», «es el único que garantiza» o «lo llaman constantemente de Palacio».

La marca Morón habría sido considerablemente más rentable si hubiera evitado la conformación del «bloque», si hubiese mostrado mayor apertura hacia las mujeres que también aspiraban a la coordinación estatal, y si hubiera optado por alianzas con perfiles más frescos. Sin embargo, el factor decisivo fue no entender a tiempo que se registraba como aspirante por Morena y no por el PT. Esto último le restó puntos cuantitativos importantes en la medición final.

Parte del electorado consultado pudo percibirlo como un gesto de menor lealtad hacia el partido que lo impulsó a la alcaldía de Morelia y al Senado. En el plano cualitativo, su excesiva cercanía con el PT proyectó a nivel nacional la percepción de que su proyecto personal se anteponía al proyecto colectivo del partido, lo que terminó por sepultar las aspiraciones de un equipo estancado en dogmas del pasado que la frialdad de los números trituró. Eso más allá de la evidente guerra sucia de sicarios bedollistas.