Morelia, Michoacán | ACG.- Hace diez años, una lesión medular cambió por completo la vida de Gerardo Alonso Ruiz Robles. Lo que parecía el final de su independencia terminó convirtiéndose en el inicio de otra forma de vivir. Hoy conduce un Mustang 2010 adaptado para ser manejado únicamente con las manos y asegura que, cada vez que toma el volante, recupera una sensación que durante meses creyó perdida: la libertad.
La historia de Gerardo se hizo visible este fin de semana durante las actividades por el 27 aniversario del Mustang Club Morelia, agrupación de la que forma parte y donde su automóvil llamó la atención no solo por su diseño, sino por las adaptaciones que le permiten conducir sin utilizar las piernas.

Una perilla con arnés instalada en el volante facilita la dirección del vehículo, mientras dos palancas sustituyen el acelerador y el freno. El sistema fue diseñado y fabricado en Morelia por un amigo suyo, ingeniero en mecánica industrial, con el objetivo de devolverle la posibilidad de manejar de manera autónoma.
“Ser independiente te sube, te sientes libre porque no necesitas, entre comillas, el apoyo de alguien, de otra persona”, expresó.
Gerardo, militar retirado, recordó que su vida cambió tras sufrir un accidente cuando descendía de un vehículo militar y cayó de cabeza. El impacto le provocó una lesión medular incompleta en las vértebras cervicales C5, C6 y C7.

Durante seis meses permaneció inmóvil en una cama. Después llegó un momento que, para muchos, podría parecer pequeño, pero que para él significó recuperar parte de su vida: sentarse en una silla de ruedas.
“Ya no estaba completamente acostado ni en un solo lugar; ya me podía desplazar, aunque fuera con silla de ruedas”, recordó.
Lejos de quedarse en las limitaciones, decidió concentrarse en aquello que aún podía hacer. Con el tiempo comenzó el proceso para aprender a conducir con controles manuales, una experiencia que requirió práctica hasta que la coordinación entre el volante y las palancas se volvió natural.

Desde hace aproximadamente nueve años conduce vehículos adaptados y, desde hace cinco, cumple un sueño que arrastraba desde la infancia: ser propietario de un Mustang.
De niño admiraba ese modelo cada vez que lo veía pasar. Años después, cuando tuvo la oportunidad de comprar uno y adaptarlo a sus necesidades, sintió que cerraba un ciclo que había permanecido abierto durante mucho tiempo.
Te puede interesar: Rugido de motores: los Mustang arrancan su ruta desde Morelia
La velocidad con responsabilidad
Además de disfrutar los recorridos en carretera, Gerardo comparte con otros integrantes del club su gusto por la velocidad.
Sin embargo, deja claro que esa afición tiene límites.

“Somos muy responsables en ese aspecto de no hacer carreras ni arrancones en calles. Pienso que para eso hay lugares y hay que hacerlo donde es”, afirmó.
Por ello, cuando participa en competencias de aceleración, únicamente lo hace en autódromos o pistas autorizadas.
Fuera del automóvil también encontró otra forma de superarse. Actualmente practica paraatletismo en silla de ruedas, disciplina que complementa la independencia que ha construido después del accidente.

«Siempre hay cosas que hacer»
Al hablar con otras personas que enfrentan una discapacidad o atraviesan momentos difíciles, Gerardo evita los discursos fáciles. Reconoce que existen días complicados, pero insiste en que siempre es posible avanzar, aunque sea poco a poco.
“Hay momentos difíciles, todos pasamos por momentos difíciles, tengan discapacidad o no la tengan. La vida es demasiado hermosa como para ser esclavo de una depresión. Siempre hay cosas que hacer; aunque sea un poco día con día, siempre avanzas y hay que disfrutar de ello”, concluyó.

Mientras el rugido de los Mustang llenaba las calles de Morelia durante el aniversario del club, el automóvil de Gerardo contaba una historia distinta. No era solamente un deportivo adaptado. Era la prueba de que, para algunas personas, volver a conducir significa mucho más que desplazarse de un lugar a otro. Significa recuperar la autonomía, la confianza y la libertad que un accidente parecía haberles arrebatado.





