Correas en mano y premios listos: el hombre que encontró terapia entre ladridos y patas

Correas en mano y premios listos: el hombre que encontró terapia entre ladridos y patas
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Morelia, Michoacán | ACG.- Cada sábado, el bosque Cuauhtémoc se convierte en un espacio donde las órdenes se mezclan con ladridos, correas y premios. Mientras algunos perros aprenden a sentarse, caminar junto a sus dueños o esperar una indicación, Erik Reyes también encuentra una pausa frente al ruido cotidiano.

Para él, entrenar perros no se trata solamente de enseñar obediencia. Es una forma de desconectarse del mundo y, al mismo tiempo, de aprender a comunicarse con otros seres vivos.

“Cuando vengo y hago esto me escapo del mundo”, cuenta Erik mientras observa a los animales durante la clase de su club de obediencia y socialización canina Melenas y Ladridos.

Su historia con los perros comenzó mucho antes de dedicarse formalmente al entrenamiento. Cuando tenía alrededor de 12 o 13 años recibió como regalo un cachorro criollo y, sin conocimientos profesionales, empezó a enseñarle con ayuda de libros que consultaba en una veterinaria cercana al Mercado Independencia.

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Aquel primer acercamiento fue suficiente para descubrir que entre un perro y una persona podía existir una forma de comunicación construida con paciencia, confianza y constancia.

El cachorro aprendió a sentarse, echarse y seguir algunas indicaciones, pero la experiencia terminó con una pérdida que marcó a Erik. El animal murió porque no contaba con las vacunas necesarias contra el parvovirus.

Aquel episodio se convirtió en una herida y también en una motivación. Desde entonces comenzó a pensar en estudiar veterinaria y dedicar su vida al cuidado de los perros, aunque el camino profesional lo llevó hacia otro lugar: estudió Derecho y actualmente trabaja en seguridad pública.

Los perros, sin embargo, nunca dejaron de formar parte de su vida. Hace casi cinco años inició de manera formal su preparación como entrenador canino. En ese proceso conoció a Jesús Ávila, especialista con más de 30 años de experiencia y campeón nacional en Ring Francés México, disciplina que combina obediencia, agilidad y protección.

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Con él comenzó a desarrollar técnicas de entrenamiento y a trabajar con distintas razas, desde perros criollos hasta ejemplares importados.

Más que obediencia, aprender a entenderlos

En Melenas y Ladridos, las clases no se centran únicamente en que un perro responda a una orden. Erik busca que los propietarios aprendan a leer el comportamiento de sus animales.

Una correa demasiado tensa, explica, puede modificar la conducta del perro. La presión constante puede generar ansiedad o provocar que el animal tire con más fuerza.

Por eso una de las primeras recomendaciones es sencilla: relajar la mano, observar y entender qué intenta comunicar el perro.

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Los ejercicios realizados durante la clase continúan en casa. Cada semana los propietarios deben practicar las indicaciones y regresar con avances o dificultades para corregirlas.

Si un perro presenta algún comportamiento específico, como ladridos excesivos o reacciones inesperadas, Erik pide que graben lo ocurrido para analizar la situación y encontrar qué está provocando esa conducta.

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También habla de la importancia de la motivación. Cuando un perro realiza correctamente una instrucción, el premio debe llegar en ese momento para que relacione la acción con el resultado.

Para explicarlo utiliza una comparación humana: si una persona trabaja y no recibe una recompensa por su esfuerzo, difícilmente mantendrá el mismo nivel de compromiso.

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Aprender junto a ellos

En su camino como entrenador también ha encontrado momentos de frustración. Reconoce que, como ocurre con otros especialistas, hubo etapas en las que llegó a exigir demasiado a los perros.

Con el tiempo entendió que el entrenamiento también implicaba trabajar consigo mismo.

La razón, explica, es que los animales pueden percibir el estado emocional de las personas. Un dueño nervioso, tenso o molesto puede transmitir esa sensación a través de la correa y generar una reacción similar en el perro.

Por eso parte del aprendizaje consiste en detenerse, respirar, observar y después intentar comunicarse.

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Para Erik, adoptar un perro implica una responsabilidad que va más allá de rescatarlo de la calle y llevarlo a casa. También requiere información, disciplina, rutina y conocimiento para evitar que una adopción termine en abandono.

Con esa idea decidió ofrecer dos meses gratuitos de entrenamiento básico a quienes adopten un perro y busquen aprender sobre obediencia y manejo.

Además realiza visitas a domicilio, asesorías personalizadas y acompañamiento telefónico para propietarios que enfrentan dificultades con sus animales.

No pretende convertir Melenas y Ladridos en un espacio masivo. Su intención, dice, tiene un significado más personal: regresar algo de lo que los perros y la naturaleza le han dado durante su vida.

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Mientras las correas vuelven a ajustarse, los perros esperan una nueva instrucción y los premios aparecen como recompensa, Erik continúa con el mismo vínculo que descubrió en la adolescencia con aquel primer cachorro.

La diferencia es que ahora no solo les enseña a ellos, sino que también aprendió a escucharlos.