Análisis | El legado de Gaby Molina: Pacificar Michoacán desde las aulas

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José Gabriél Dominguez | Analista

Los recientes datos de la Encuesta Intercensal 2025 elaborada por el INEGI no solo arrojan cifras estadísticas, sino que narran la consolidación de una transformación estructural en Michoacán.

En el centro de este avance destaca la figura de Gaby Molina, extitular de la Secretaría de Educación del Estado (SEE), cuyo desempeño en la función pública logró articular una estrategia sin precedentes en perfecta sintonía con las políticas federales de la Presidenta Claudia Sheinbaum y el proyecto estatal del gobernador Alfredo Ramírez Bedolla.

Durante su paso por la SEE, Molina comprendió y demostró que la rectoría de la educación en Michoacán no debía entenderse como un simple trámite administrativo, sino como la plataforma central para la pacificación, el rescate del tejido social y el desarrollo de la entidad.

Las bases que dejó cimentadas se articulan fuertemente con el Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, una política donde las aulas asumen el papel de refugios frente a la violencia.

La estrategia de utilizar los planteles como espacios seguros que alejan a las infancias de los riesgos y de las conductas delictivas arrojó resultados innegables: la asistencia escolar en el sector de 6 a 14 años se elevó del 90.7 % al 93.9 %.

De igual manera, se priorizó el rescate de la primera infancia, logrando que la asistencia de menores de 3 a 5 años creciera 11.6 puntos porcentuales hasta alcanzar un 72.1 %, asegurando así un mejor arranque en la formación de las niñeces michoacanas.

Uno de los mayores aciertos políticos y administrativos de la gestión de Gaby Molina fue encarar de frente el gran reto de la juventud y la deserción. Para ello, lideró una gestión que resultó en una inversión histórica de miles de millones de pesos, en estrecha coordinación con la federación, enfocada a rehabilitar y equipar las escuelas.

Este esfuerzo directo por dignificar los espacios educativos rindió frutos, empujando la retención escolar en jóvenes de 15 a 24 años, la cual pasó del 38.1 % en 2020 al 41.8 % en 2025.

Todo este andamiaje institucional fue impulsado por la política social de la actual administración. El salto en la dispersión de apoyos y Becas Universales es evidente: los hogares en Michoacán que reciben ingresos provenientes de programas de gobierno pasaron del 27.1 % al 42.3 %.

Esta masiva inyección de recursos eliminó barreras económicas críticas, permitiendo a miles de familias mantener a sus hijos en el sistema educativo.

Como lo sentenció con claridad la exsecretaria Gaby Molina: «desde la educación se sostiene al Plan Michoacán». Hoy, esa visión de Estado se respalda con indicadores medibles que demuestran una mejora sustancial en la calidad de vida de la población.

Prueba de ello es la reducción del analfabetismo al 5.5 % y el incremento de la escolaridad promedio a los 9.2 años, garantizando que, en promedio, las y los michoacanos ya cuenten con la secundaria terminada.

El paso de Gaby Molina por la Secretaría de Educación deja una lección política fundamental: asegurar ciclos escolares completos, dignificar planteles y apoyar económicamente a los estudiantes no es un gasto, es la herramienta de justicia social más poderosa con la que cuenta el Estado.

Las bases institucionales que hereda confirman que apostar por la educación transforma radicalmente la vida de niños, niñas y jóvenes y es la única vía comprobada para construir un futuro de paz duradera.