Morelia, Mich. | Agencia ACG.- Quizá ya lo has escuchado cantar al recorrer la Calzada Fray Antonio de San Miguel. Su nombre es Fabio Granados, un barítono moreliano que, en medio del ir y venir cotidiano, convierte por unos minutos este espacio público en escenario.
Detrás de esa voz hay años de formación y presentaciones en distintos teatros. De hecho, cantar en la calle también le abrió una de esas puertas: mientras interpretaba una canción, alguien se detuvo a escucharlo y le preguntó: “¿No tienes una tarjeta?, ¿no me das tu teléfono?”.
Tiempo después, Santiago Cumplido del Castillo lo contactó para invitarlo a participar en TzinTzun: Historia de princesas y colibríes, espectáculo multidisciplinario del que formó parte durante dos temporadas en el Teatro Mariano Matamoros.
El episodio resume buena parte de su relación con la música: una trayectoria que no depende de un solo escenario. Su voz ha estado en teatros y recintos culturales, pero también en el espacio público, frente a personas que se detienen durante algunos minutos antes de continuar su camino.
Granados descubrió desde niño el gusto por cantar. Su formación comenzó en el coro de la Secretaría de Cultura de Michoacán y continuó durante cinco años en el Taller de Arte Lírico y Ópera de la Casa de la Cultura de Morelia, bajo la enseñanza de la mezzosoprano María Guadalupe Góngora.

Posteriormente realizó cursos de verano en el Conservatorio de las Rosas y tomó clases magistrales con figuras como el tenor mexicano Francisco Araiza, la mezzosoprano estadounidense Mignon Dunn y el tenor Edgardo Álvarez.
Su trayectoria incluye presentaciones en los teatros Ángela Peralta, de San Miguel de Allende; de la Paz, en San Luis Potosí; Morelos y Mariano Matamoros, en Morelia. Su repertorio ha transitado por la ópera, la zarzuela, los valses, la música popular y la canción mexicana.
La preparación continúa incluso lejos de los grandes recintos. Cada mañana, antes de salir, Granados vocaliza para mantener ejercitada su voz. También escucha a otros barítonos y analiza cómo resuelven los agudos y construyen sus matices.
“Siempre estás tratando de innovar, siempre estás tratando de hacer lo mejor posible”, explica. Asegura que busca las observaciones de maestros y especialistas, aunque sean rigurosas, porque considera que reconocer los errores forma parte del aprendizaje.

El espacio público le ha mostrado reacciones opuestas. Algunas personas le han pedido bajar el volumen o guardar silencio; otras se detienen, solicitan una canción y encuentran en su voz algún recuerdo.
“Me han dicho: ‘¿Me puede cantar una canción? Fíjese que me recordó a mi padre, a mi madre o a un hermano’. Esas experiencias también te llenan el alma con lo que haces”, relata.
Granados no establece una jerarquía entre el teatro y la calle. En ambos encuentra público, aprendizaje y la posibilidad de compartir una voz formada durante años. Tampoco duda cuando piensa en el camino recorrido y en la vida que elegiría si tuviera otra oportunidad: “Si yo volviera a nacer, no dudaría en volver a ser cantante”.





