La memoria territorial: la fortaleza de Torres Piña

La memoria territorial: la fortaleza de Torres Piña
Imagen especial

Morelia, Mich., a 31 de agosto del 2026.- En los recorridos de Carlos Torres Piña por Michoacán hay una escena que se repite con frecuencia: alguien se acerca al terminar una asamblea y le recuerda una reunión de hace años, una gestión, un conflicto o una visita que hizo cuando era secretario de Gobierno o cuando estuvo al frente de la Fiscalía. No siempre recuerdan el cargo exacto ni la fecha, pero sí recuerdan algo más importante: que fue él quien llegó hasta su comunidad para escuchar el problema, en lugar de pedirles que viajaran a Morelia para explicarlo.


Eso ha ocurrido en regiones muy distintas. En reuniones con pueblos originarios, productores, sindicatos, artesanos y organizaciones sociales aparecen personas que ya habían tratado con Torres Piña en otras etapas de su trayectoria. Algunos lo conocieron cuando había que destrabar un conflicto; otros, cuando necesitaban atención de una institución; otros más, cuando una comunidad pedía ser escuchada directamente en su territorio. Esa memoria ayuda a explicar por qué su recorrido actual no empieza desde cero: muchas veces es un regreso.


Su paso por la Secretaría de Gobierno tuvo precisamente esa característica. En un estado donde los conflictos sociales, agrarios, comunales y políticos tienen expresiones distintas según la región, Torres Piña optó muchas veces por trasladar el diálogo al lugar donde estaba el problema. Lo mismo ocurrió posteriormente en la Fiscalía: acercar la institución, escuchar directamente a víctimas, comunidades y sectores, y evitar que toda respuesta tuviera que pasar necesariamente por una oficina en la capital. Esa forma de trabajar dejó relaciones y, sobre todo, referencias que hoy reaparecen durante las asambleas.


Por eso hablar de conocimiento de Michoacán no debería reducirse a contar municipios recorridos. Conocer un estado también significa saber cómo se organiza una comunidad purépecha, entender por qué una demanda en Tierra Caliente no puede atenderse igual que una del Oriente, o reconocer que para muchos sectores la primera barrera frente al gobierno ha sido históricamente la distancia. Torres Piña ha construido parte de su trayectoria justamente cruzando esa distancia: yendo donde están los problemas y hablando con quienes los viven.


En una contienda interna, el conocimiento puede medirse en encuestas, pero también se reconoce en algo mucho más difícil de fabricar: la memoria de la gente. Cuando durante un recorrido alguien recuerda que un funcionario llegó a su comunidad, escuchó ahí mismo y dio seguimiento, el atributo deja de ser una percepción abstracta. Se convierte en experiencia compartida. Y ésa parece ser una de las principales fortalezas que hoy está acumulando Carlos Torres Piña: no solamente conoce Michoacán porque lo ha recorrido, sino porque en muchas de sus regiones ya había estado cuando hacía falta.